Yo Yo Ma.
El cello.
Plasticidad, ductilidad.
Buen gusto.
Buena mano.
Alegría por la música.
Por ahora, para mí es suficiente.
El cello.
Plasticidad, ductilidad.
Buen gusto.
Buena mano.
Alegría por la música.
Por ahora, para mí es suficiente.
Brier, Skerry Ramblers, Paddy Reilly, Philomena Begley y, sobre todo en estas pampas, Séan Ó Sé (que canta mayormente en gaélico en esta selección).
Beag ar eolas, diría un irlandés. Es lo que son: poco conocidos. Y hay muchos así por allá.
Pero aquí están.
Olvidado, poco frecuentado, criticado severamente. Christian Ferras, francés.
El violinista de Herbert von Karajan en la Filarmónica de Berlín.
Decían que era frío. No pensaba así el director, claro.
Un juicio mejor dice otra cosa. Técnica sobria, depurada, sin vedetismo. Música, antes que la mano que la ejecuta.
Una vida difícil y un final desdichado a los 49 años.
Aquí una grabación de la espléndida versión de ambos en el concierto en Re mayor para violín número 35, de P. I. Tchaicovsky, tan difícil y magnífico.
La madrugada fue para un breve Pixinguinha, talentoso, uno de los compositores que más me gusta en el Brasil.
Ya lo volverán a oír por aquí.
(Ahora, claro... esa cosa de los brasileños de llamar Pixinguinha a Alfredo da Rocha Viana Filho, qué se yo, es simpática...)
En la iglesia de St. Andrew, en Toddington, Gloucestershire, Christopher Wilson, como laúd solista, y en dúo con Shirley Rumsey, grabaron en noviembre de 1995, una serie de piezas para laúd de autores venecianos de los siglos XV y XVI –entre los que hay un anónimo–, como Joan Ambrosio Dalza, Francesco Spinacino, Vincenzo Capirola y Franciscus Bossinensis.
Para una madrugada fresca y luminosa, es una compañía fresca y luminosa.
De hecho, es un instrumento hecho de partes de otros instrumentos y de modo bastante versátil, porque no hay una sola versión. Más cuerdas para bajos, a veces sumadas a más cuerdas para sonido de arpa, según y conforme. Puede tener de 10 a casi 40 cuerdas.
Voy a dejar ahora unos ejemplos recientes de guitarristas diestros que atacaron la guitarpa, guitarra arpa, harp guitar y varios nombres más (lo que resulta acorde con las variedades múltiples del instrumento, claro...)
Al final de esta breve muestra, aparece Pasquale Taraffo, virtuoso italiano que llegó a tocar en la Argentina, dando conciertos en giras internacionales.
Suele decirse que nadie se interesa demasiado hoy día por la guitarpa. Lástima. Aunque todavía no me decido, el sonido –concedo: algo híbrido–, me suena bien.
Delicada, sencilla, graciosa.
Es la tercera vez que lo digo. Y tal vez es la vencida.
Pasa que estos versos de Agustín García Calvo me gustaron siempre, pero hechos canción por Amancio Prada. Hablé de esto en 2012 y el año pasado también porque se había perdido el original y porque encontré una otra rara versión de algo que casi nadie canta.
Pasa ahora que encuentro una música distinta para esto mismo, de Antonio Selfa, grabada en el otoño europeo de este año. Y entonces aquí voy otra vez.
Bien oída, la letra del poema es incisiva. Tal vez el hecho de que García Calvo haya sido anarquista explica esa "generosidad amorosa" de no aferrar a la amada, de soltar completamente sus alas para que vuele libre de él, de todo, de todos, de Dios y hasta de ella misma. Y a decir verdad parece un poco tensa esta "generosidad amorosa".
Es poesía, claro. Y dice bien (algo que no sé si está tan bien...) Y que sea una expresión lírica en parte habilita la hipérbole de la oferta. Pero liberar a alguien de tanto (de Dios, de uno mismo) es demasiado.
No sé cómo piensa un anarquista (aunque yo mismo lo soy, frente a ciertas arquías...); por mi parte creo que es tiránico arrojarla a esa "libertad", es como disolverla, hacerla que no sea ya. Es lo opuesto a la anarquía. Como si le dijera: "mía o de nadie", aunque diga: "no mía ni de nadie...".
Pero tal vez es cuestión de preposiciones y no más que eso. Déjela libre, claro. Y tal vez se dice algo más hondo y verdadero, si la suelta de veras, con solo cambiar libre de por libre en: libre en todo, en todos, libre en Dios, libre en ti... Y la cosa resulta hasta más noble y no menos poética, diría.
No hay que repetir lo que ya se mostró y que puede volver a verse siguiendo las huellas más arriba. Sí mostraré algo que no había mostrado cuando publiqué la versión más estilizada de 1990 de Amancio Prada. Ésta es de 1979.
Y no hay por qué comparar, se entiende. Ni las dos de Prada ni las de Prada con la de Selfa. Aunque un servidor ha comparado y tiene su dictamen...
Dejemos de lado la filosa concordancia de sujeto y verbo: que 20 años no es nada.
Pero que algo tiene la cifra, algo tiene: 20 años. Y tendrá pero no sé qué será.
En estos días, por ejemplo, acá en la llanura interminable, hubo de todo alrededor de los 20 años de hace 20 años. Cada quien tironeó para su lado, y todos se llevaron una parte de no sé qué. Como si hubiera habido algo para repartir, algo para celebrar.
Decía Péguy, más o menos, que no hay que contar las pérdidas como si fueran ganancias.
Pero dejemos también eso.
Los cantores de por acá y por allá andan cantando desde hace tiempo algunas cosas de los 20 años. Desdichados 20, felices 20, vacíos 20, 20 dolorosos, fiesteros 20, y casi siempre en abriles que son emblemas (septentrionales) de juventudes dichosas o calaveras, de desengaños o de edades de oro.
En fin, ya lo verá usted cuando oiga las cosas que si quiere oirá.
¿Y que 20 años no es nada? Asigún, vea, asigún.
Pero allí está el tópico. Porque es un tópico, y un número como mítico.
La verdad es que la vida es y no es 20 años. Porque la vida no es un almanaque.
Y 20 años pueden ser no más que 20 años, o pueden ser 100.
O nada.
A mí se me hace algo injusto.
Pero lo hago de todas maneras. Injusto porque, entre ambos, mi corazón está con Luciano y no con Jonas, sin demérito para el alemán. Pero...
Lo que hay que ver aquí (sí, dije ver...) es el final. El gesto final de ambos.
Claro que sí: oiga también, compare, analice, haga cuentas y ecuaciones, logaritmos, hable la jerga. Sí, cómo no.
Cuando termine, hágale caso a un servidor, que es ignaro asaz de todo eso, y atienda nada más que al gesto final de ambos.
Eso es todo.
Nomás una despedida.
A don Vicente Chente Fernández, que, como no sea en música, ya no volverá.
Estaba en asuntos sobre el tiempo perdido (todo un tópico, si viera usted...), pero se me cruzó otra cuestión. Y hasta allí fui, porque una cosa y la otra no están tan lejos, después de todo.
(El caso del tiempo perdido, es todo un caso en la música..., para otra vez.)
Menté a Jaime Dávalos ayer en ens. Y será por eso que esta mañana al alba se me apareció la Tonada del viejo amor que compuso con Eduardo Falú.
Varias veces Dávalos compuso poesía para introducir una canción. También en la Tonada, claro. Pero me acordé de que, en este caso, no fue un poema, sino que fueron dos.
Y no sé por qué.
Y mientras sigo haciendo una puerta, lo voy pensando. Pero si alguien lo sabe...
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Cantando solo, dijo este soneto:
El mar, era en tus ojos la infinita inocenciaPero, con Falú cantando, dijo estos pareados:
del agua que hasta el cielo busca la inmensidad.
En su verdor salobre arde la claridad
a mi asombro exclusiva, en íntima deiscencia.
Entornados, tus ojos miran desde la bruma
el tierno advenimiento foral de la mañana
o bajo el mediodía de viento y resolana,
sobre el azul y el oro, el triunfo de la espuma.
Desde una adolescente madurez sonreía.
mas allá del deseo que en mi carne encendía
el limpio animal puro que vences de estupor.
Los fuegos del retiro desolado te ofrece,
aun viendo que inasible y constelado crece
en tus ojos marinos el inefable amor.
Grabé tu nombre y el mío en las arenas del mar,
y un juramento, que nunca me atrevería a jurar.El viento, como el olvido, la arenita se llevó,
y ahora se ha vuelto arena, lo que juramos tú y yo.No le prometas a nadie que nunca lo olvidarás,
porque el amor es eterno, y nuestra vida fugaz...
Hace unos días que estoy en deuda con esta niña, que me presentaron hace poco.
Alcalá de Guadaira es una ciudad próxima a Sevilla (que ya casi ni se distingue una de otra y llega a barrio...). La patrona de Alcalá de los Panaderos (así dicho porque hay muchos allí que proveen a Sevilla) es una sonora Virgen del Águila... y olé.
Y allí, hará unos 25 años, nació Paola Hermosín (e mi chiedo cosa c'entri qui questo nome Paola, se questa ragazzina è andalusa...)
La pasión que le pone a la música es un contento de ver y oír, cuando explica lo que toca y canta y cuanto canta y toca lo que explica. Ella sabe (y lo dice) que su estilo es más de guitarra clásica que flamenca, pero...: es sevillana y eso cuenta.
Tiene parvas de videos con ejecuciones de otros autores de todos los colores y algunos con las suyas propias de ella. Siempre con una gracia que sonríe a como dé lugar, no importa qué interprete. Me hace gracia su gracia. Y por eso está aquí.
Dejo para ustedes, y como muestra, nomás las que son de su tierra. Quien quiera más, busque más.
Entre los oyentes, hay una dama especialmente perspicaz, a qué negarlo.
Me desafió a recordar un caso similar al de Shane McGowan, que mentaba nomás ayer.
No fue un día pacífico, pero mientras pasaba mojones y kilómetros en los caminos desde el alba, me vino a la mente algo que ya habíamos oído por aquí. Y parece que acerté.
The Briar and the Rose, es una canción de principios de los '90 que compuso y publicó Tom Waits. Aire inspirado en la música tradicional hiberno-escocesa (otra vez) y una balada de asunto onírico inspirada en un antiguo y algo oscuro cuento alemán, que apenas si el autor refiere en una frase de la canción. El caso, en el sueño, es el entrevero de un brezo o planta espinosa y una rosa, como metáfora de un amor tan hondo como fatal que, finalmente, y creciendo con el tiempo y las lágrimas, se vuelve tan acerbo como frondoso y enredado.
Esta vez, aunque el caso aplica al desafío de nuestra amable dama, prefiero que se oiga primero una versión que me gusta mucho, ciertamente más que la de Tom Waits, que va después. De modo que, antes, la espléndida Niamh Parsons.
Y sí, en parte tiene razón, mi estimadísima. Aunque no tanto, me perdone.
McGowan estaba (esa vez, en un pub, esa noche y otras tal vez) sumido en lúpulo, pero tiene buena voz. Waits desgarra. Siempre.
En fin, bonne nuit.
Dos canciones que siempre me gustaron. Cada una con su historia.
La primera, Raglan Road, es una historia de amor frustrado, en Dublín.
El poema original (On Raglan Road) lo compuso Patrick Kavanagh a mediados de la década de 1940, nel mezzo del camin della sua vita, dijera Dante. Se mudó y por la calle de su nueva casa (Raglan Road, precisamente) veía pasar a una jovencita universitaria (iba y venía de la universidad). Hilda Moriarty, que tenía la mitad de sus años, fue su musa desde entonces. Pero ella no quiso llegar a más que agradables conversaciones: él era un cuarentón, ella una veinteañera, así que: ni modo.
El poema (que se hizo canción más tarde con la melodía de otra canción tradicional irlandesa), fue el primero de varios destinados a Hilda, por el enamorado Patrick.
La otra canción proviene de un poema antiguo, de origen escocés en realidad, aunque como canción es muy popular también en Irlanda. The parting glass tiene varios padres, aunque ninguno cierto. Lo que sí parece claro es que los versos provienen del siglo XVII y que vuelven a aparecer y completarse en el XVIII. Otra vez, la melodía que se ayuntó a los versos es tradicional y aparece en varias canciones desde el siglo XVIII.
Traducir el título de estos versos como "La del estribo", no estaría mal. Porque es ése el sentido, la intención de la letra: darle una última copa al que parte, una para el camino, costumbre de muchos pueblos en todo tiempo.
Dejo aquí abajo tres asuntos.
El primero, porque me pareció simpático e ilustrativo, es la explicación breve del origen de On Raglan Road y el bonus track de la canción entonada por el autor de los versos, Patrick Kavanagh.
En cuanto a las dos canciones (que ya anduvieron por Il Mare tiempo ha), las dejo en dos versiones sumamente tensas y tal vez las más ásperas que conozco de ambas. No son las interpretaciones canónicas, en modo alguno, pero a la pesca de ésas irá el oyente atento de estas páginas, si es que tiene interés.
Raglan Road la canta aquí Van Morrison. The Parting Glass la canta Shane McCowan.
Morrison, a su modo, actúa tan melancólica y trágicamente la letra que le hace un favor al sentimiento de Kavanagh. A mi oído, se entiende.
Y McCowan... Pues, qué decir: McCowan está totalmente borracho. Y no sé si La del estribo no debería sonar mejor así...
Ahora que dizque se va, veamos cómo vino.
Tiene un mérito, a mi sabor.
De la música del Brasil voy y vengo. Días y cosas y gentes que sí. Y a veces que no. ¿Para qué decir una cosa por otra?
Pero Mônica Salmaso hizo que vinieran juntas y bien hechas las cosas que tenía dispersas de la variopinta música de aquellas tierras.
Quedan aquí dos muestras, que son las que mejor dicen lo que digo.
Obrigado, Mônica.
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Puede vérsela cantar, también. Algo agrega. Todo el hombre habla cuando habla. Y todo el hombre canta, cuando canta.
En este enlace, presenta ao vivo Alma lírica brasileira.
Con el invierno, de las manos de Camille Thomas, llegó la versión para cello y piano de Vater unser, de Arvo Pärt, asunto que ya había grabado el año pasado en este volumen que va primero.
La que llegó es la que me gusta. Porque me gusta verla tocar. La interpretación es completa si se la ve haciendo la música.
Y, claro. La interpretación original, con Arvo Pärt al piano.
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La letra, es obvio, es el Padre nuestro.
Vater unser im Himmel,
geheiligt werde Dein Name.
Dein Reich komme.
Dein Wille geschehe, wie im Himmel so auf Erden.
Unser tägliches Brot gib uns heute.
Und vergib uns unsere Schuld,
wie auch wir vergeben unseren Schuldigern.
Und führe uns nicht in Versuchung,
sondern erlöse uns von dem Bösen.
Es difícil recorrer el tiempo ido.
Pero debe ser mucho más difícil si se va contando el pasado en caramelos perdidos, que ya no están.
Renaud Séchan lo hizo, en 1985. Y bien. Creativo.
¿Quién es? Un letrista, cantante y actor nacido hace 69 años en París. Renaud a secas, en Francia.
Hombre de izquierdas y militante (pese a este memento no muy progresista...), dedicó esta canción a su hija Lolita, según dicen, nostalgioso de su infancia. Infancia feliz y dulce. De caramelos.
Mistral gagnant
À m'asseoir sur un banc cinq minutes avec toiEt regarder les gens tant qu'y en aTe parler du bon temps qui est mort ou qui reviendraEn serrant dans ma main tes petits doigtsPuis donner à bouffer à des pigeons idiotsLeur filer des coups de pied pour de fauxEt entendre ton rire qui lézarde les mursQui sait surtout guérir mes blessuresTe raconter un peu comment j'étais minotLes bombecs fabuleux qu'on piquait chez le marchandCar-en-sac et Mintho, caramels à un francEt les Mistral gagnantsÀ marcher sous la pluie cinq minutes avec toiEt regarder la vie tant qu'y en aTe raconter la terre en te bouffant des yeuxTe parler de ta mère un petit peuEt sauter dans les flaques pour la faire râlerBousiller nos godasses et se marrerEt entendre ton rire comme on entend la merS'arrêter, repartir en arrièreTe raconter surtout les carambars d'antan et les coco boersEt les vrais roudoudous qui nous coupaient les lèvresEt nous niquaient les dentsEt les Mistral gagnantsÀ m'asseoir sur un banc cinq minutes avec toiRegarder le soleil qui s'en vaTe parler du bon temps qui est mort et je m'en fousTe dire que les méchants c'est pas nousQue si moi je suis barge ce n'est que de tes yeuxCar ils ont l'avantage d'être deuxEt entendre ton rire s'envoler aussi hautQue s'envolent les cris des oiseauxTe raconter enfin qu'il faut aimer la vie et l'aimer même siLe temps est assassin et emporte avec luiLes rires des enfants et les Mistral gagnantsEt les Mistral gagnants
Pour ceux qui se demandent ce que signifie le nom "Mistral Gagnant", voici une petite explication:
Mistral Gagnant" était le nom d'une poudre vendue dans un sachet hermétique dans lequel on pouvait verser de l'eau, et cela faisait un soda orange ou citron. Et il s'appelait "Gagnant", parce qu'en retournant le sachet, on pouvait lire dans certains cas la mention "Gagnant", ce qui permettait d'en avoir un gratuit en rapportant le papier au marchand.Renaud, trente ans plus tard, promène sa fillette de 3 ou 4 ans, et repense du coup à son enfance, alors il veut lui faire découvrir les bonbons qu'il aimait étant enfant: Les caramels à un franc (ancien franc des années 50), les Coco Boher, vendus dans une petite poche métallique avec laquelle on se coupait la langue les jours de maladresse, et les Mistral Gagnant: En promenant sa fille, Renaud se rend compte que tous ces bonbons ont disparu: Il voudrait les lui faire découvrir, on devine qu'il a cherché dans les magasins, mais les commerçants lui expliquent ce "ça ne se fait plus"... D'où la fin: "Le temps est assassin et emporte avec lui les rires des enfants... et les Mistral Gagnant".Renaud, désabusé, a perdu son rire d'enfant, et il ne retrouvera plus les saveurs de son enfance, mais il veut malgré tout continuer à aimer la vie. C'est une histoire très simple, mais sublime, parfaitement racontée, sur une musique magique qui exhale toute la pureté de l'enfance. S'il n'y avait qu'un disque de chansons pour le monde entier, "Mistral Gagnant" y aurait sûrement sa place.
Que sea de Buenos Aires podría ser un motivo, aunque a fines de los '90, a los 20 años, se haya ido a Europa a estudiar las cosas de las cuerdas y ya para quedarse.
Que sea tal vez la más experta en laúd y otras cuerdas pulsadas en este tiempo nuestro, en este mundo de estos días, podría ser otro motivo.
Que no tenga casi marketing y con todo y eso sea una autoridad reconocida asaz, también podría ser.
Pero.
La miro pulsar a Bach.
Y la miro y la miro, mientras oigo, para ver qué le veo.
Y es eso.
Todo el glamour viene de la música.
Porque la música no necesita glamour.
A Bach –y al laúd– le basta con Evangelina Mascardi.
Es franco-belga. Se llama Camille Thomas.
Es, dicen, la estrella que mejor brilla en el cielo del cello, en estos tiempos no tan claros.
Tiene 33 años que cumplió el 29 de mayo.
En no más de 5 minutos puede hacer belleza. Todas las veces que quiera.
Por el momento, para un servidor es más que suficiente.
Se llama Liuba María Hevia.
Es cubana. Y militante, claro..., de la trova cubana, por trova y por cubana, claro.
Vengo oyéndola hace un tiempo a esta muchacha de raíces asturianas (transparentes por su apellido), a quien le pusieron un nombre ruso por razones... militantes, claro.
Pero la canción es la canción. Los versos son de una grabación de 1988. Hay versiones donde cantan juntos con Pedro Guerra, talentoso canario. Me quedo con ésta.
Es una de las músicas del Brasil que más me gusta. No le crean mucho al nombre –choro– porque de habitual no llora y es más bien festivo, aunque con una suave melancolía, que está en Portugal y heredó Brasil. Es música popular bastante vieja, del siglo XIX, a fines. Y tiene muy buenos compositores e intérpretes.
En esta entrada se ve y oye a Epoca de ouro, un ensemble de muchos años especialista en estas cosas, que repasa algo de la historia del género. Los instrumentos son los canónicos: guitarra, guitarra de 7 cuerdas, mandolina, cavaquinho, flautas y un pandero.
Y esta otra está aquí por lo mismo.
En 1952, Celina González compuso Yo soy el punto cubano, un son guajiro (como le dicen...) que se hizo harto famoso. Ella había formado dúo con el amor de su vida, Reutilio Domínguez, que hacía la discreta segunda voz. Celina tenía predilección por los ritmos de la música campesina de su tierra, Cuba, y cierto espíritu religioso que la volcaba a alguna devoción por los ritos afrocubanos.
Celina y Reutilio se volvieron famosos. El dúo terminó cuando se separaron a mediados de los '60 y ella siguió cantando sola. Con los años, revivió las épocas de éxitos cantando a dúo con su hijo, también llamado Reutilio.
Nomás al comienzo, en la letra aparecen dos palabras: manigua y mambí. Pues bien, sin discutir el origen de la palabra, digamos que, genéricamente, los mambises son como guerrilleros que se levantaron y combatieron contra España en varias épocas de mediados y fines del XIX en Santo Domingo, Cuba y Filipinas. La manigua es un pantano.
Y algo más. El punto es un modo de composición musical que toma el nombre de los punteos de cuerdas que acompañan el dictado. Y éste dictado suele ser una décima y frecuentemente espinela. Así se verá cuando lo oiga usted a continuación. La gracia de estas décimas populares antiguas (ya había en el XVI y el XVII) la retomaron en América, por ejemplo, repentistas, improvisadores o payadores. Para su deleite, la rima de la décima octosílaba es a b b a a c c d d c.
A cualquier efecto, repito. La composición es de 1952.
Ahora bien.
David Blanco, en 2019, cantó y filmó su versión de Yo soy el punto cubano. Dura casi 3 veces más que la original de Celina y Reutilio y ya verá por qué.
Mientras tanto, Blanco es un joven músico, cantante y autor cubano, con bastante fama en varias partes. Su toque es la fusión de estilos y ritmos, con una estética particular, como también se verá a continuación.
Así las cosas, el detalle que me trajo hasta aquí con estas músicas es precisamente que la versión cubana actual dura casi tres veces más que la original.
Y me pregunto por qué.
Y le pregunto a usted por qué, mi estimado.
Pensemos, a ver qué sale.
There are more things in Italy, than are dreamt of in our theology.
Esto dijo –casas más, casas menos...– William Shakespeare en Hamlet, acto I, escena V.
No es literal, claro. Pero el sentido permanece fiel.
En Italia, a veces, la teología tiene que putear.
Si no me creen, pregúntenle a Dante Alighieri.
Son un grupo de folklore aragonés, que cantan aquí en idem.
El nombre de este conjunto, Bosnerau, se refiere a una criatura mítica –presente con otro nombre en la mitología vasca–, que es una especie de ogro o troll de las montañas, no agresivo sino benévolo.
Y eso es todo.
La canción, que oí hace ya un tiempo y ayer recordé, me gustó.
La letra queda aquí para los coreutas interesados.
T’allá por ixos puntals
en do siempre brilará o Sol
dibuixaré allí un paisache,
o reino d’a polida flor
en do ya no puyan os ombres,
allá ye en do campa l’amorSe’n irá a primavera
que toto o mon imple d’ulor;
podrá ir-se-ne a cabaña entera,
podrá amortar-se ya ista luz,
podrá irse a chen ent’atra tierra
¿qué i trobarán si no i yes tu?
Me’n iré a veyer estrelas
que bel viello remerará,
conchuraremos ta que pleva,
ta que nos amostre o camín;
y cuan pasez por ista puerta,
y cuan pleguez yo seré astí.
Tiene una cantidad de asuntos interesantes alrededor. Por ejemplo que el libreto está enteramente en latín, inspirado en el Libro de Judith y en la épica de esta mujer judía frente a los asirios y su rey Holofernes, a quien decapitó, como ya se sabe. Como era obra compuesta para el Ospedale de la Pietà de Venecia, todos los papeles fueron interpretados por jóvenes internas, igual que la orquesta. También están los turcos mezclados en la partitura y el texto, como una celebración veneciana por las victorias recientes de Venecia ante los otomanos. Y cosas así. Por otra parte, los méritos musicales y literarios de la obra están discutidos por los que siempre discuten los méritos de las obras. A mí me alcanzó con lo que oí.
Esta versión que dejo es muy reciente, de agosto de 2020.
Ahora bien. Lo que a mí de veras me atrajo, es haber descubierto que el papel protagónico lo tiene la mezzo Luciana Mancini, muchacha de raíces chilenas pero nacida en Suecia, a la que me encuentro casi siempre en partituras barrocas, tanto americanas como europeas. En este caso, se me hace que alcanza el registro de contralto con facilidad. Y con la dulzura –en la voz– que es la característica que me gusta de ella.
El flamenco, ya se sabe, no es solamente guitarra.
Pero sin guitarra no hay flamenco.
Y a veces, oyendo lo que aquí dejo, se tienta uno y da en pensar que sin Paco de Lucía no hay guitarra.
El concierto de Aranjuez y la suite Iberia (para piano).
Ni Joaquín Rodrigo ni Isaac Albéniz se imaginaron que sus partituras iban a ir a dar a esas manos.
Y no quiero imaginarme la soledad que esa guitarra suya debe sentir, ahora que Francisco Sánchez Gómez, Paco, el de Lucía, oye la música desde el cielo de Algeciras.
Instrumento carnoso, oscuro de timbre (un "baritenor", le llamaba Celletti), homogéneo, de proyección espectacular y diamantina en el registro agudo, manejado con facilidad, solo aparente, ya que es el resultado de una personalísima forma de afianzar la zona de paso, mediante el ligero entubamiento del sonido. De impresionante capacidad respiratoria, que le permitía ligar y mantener el sonido (incluso por encima de lo meramente musical, degenerando a veces en excesos atléticos) Posibilidad de regular adecuadamente la dinámica del sonido (escúchese el Si Bemol agudo final de "Celeste Aida", en la grabación de EMI, o a la conclusión del aria "¡Ah! Leve-toi soleil", de Romeo y Julieta de Gounod). En el canto a media voz, el sonido se oscurece, lo cual permite colorear ciertas frases. La dicción no es ejemplar: la "s" sonora resulta confusa y tiende a exagerar, de manera casi grotesca, la "r" final. Cuando canta en idiomas distintos al italiano (en francés, inglés, español y alemán) la pronunciación es muy deficiente. No evita los feos efectos de los portamentos exagerados (escúchese la profusión de ellos en el "Ah si ben mio") y se complace en los calderones. La línea de canto es salpicada de sollozos, resoplidos y bufidos que la vuelven exageradamente melodramática (Vesti la giubba). Le falta habilidad en en canto florido. Cuando el canto requiere voluptuosidad (Mario), fiereza (Manrico) o potencia (Calaf), Corelli es el rey. Corelli supera al Del Monaco, porque cuando quiere, sabe cantar con delicadeza. Iguala a Pavarotti en el mítico Do de pecho.
Cuba no es Alemania. Cualquiera sabe eso.
Carlos Varela, además de ser cubano y no ser alemán, no es Robert Schumann. Ni Franz Schubert. Tampoco es barítono, y por eso será que no es Dietrich Fischer-Dieskau.
Haydée Milanés, por su parte, tampoco es británica y también es cubana. Y no es contralto. Y, entonces, ni hablar de que sea Kathleen Ferrier.
Un servidor, dicho sea de paso y en puridad, no sabe tocar el piano. Que si no...
Porque, o yo soy un zopenco o esto que dejo aquí es un lied, hecho y derecho.
Tradúzcase el texto al alemán, transcríbase convenientemente la partitura para piano y acompáñeselo con él.
Y después me da la razón, s'il vous plaît.

Caso curioso el de esta mujer que se hizo mundialmente famosa después de la caída de la URSS, unos pocos años antes de morir, a los 69 años en 1993. Parece que, comunista convencida, fue muy premiada en su tierra durante los años de la revolución y el gobierno bolchevique, ya desde sus años juveniles. Talentosa como compositora y concertista (murió poco después de un ACV que tuvo en un concierto, precisamente, en San Francisco), a Dmitri Shostakovich le era sumamente valiosa.
Y si Shostakovich lo dice...
Por razones bien distintas (tienen poco que ver una con la otra), las dos me gustan. Y creo que, de las originarias del variado mundo árabe, son las que más me gustan. Si no las únicas.
La legendaria y admirable libanesa Fairuz, cristiana, emblema de las cantantes árabes, que ya estuvo por aquí más de una vez.
Y esta joven argelina, Souad Massi, musulmana, que también es vecina de este barrio mediterráneo.
Algo las une: el francés del pasado de ambas naciones.
Dejo algo de lo último de Souad.
Encantadora, como la recordaba.
Volvió a aparecer, casualmente. Siempre con una voz tan agradable.
Esta bonita joven cordobesa (con tonada y todo) es de raíces armenias (a las que reverencia y recuerda siempre, especialmente en la obra de Komitás Vardapet) y hace carrera en y desde Nueva York.
Mezzo soprano, gracias a Dios.
Solange Merdinian.
La encontré de pronto e inesperadamente en una película de asunto hindú, con música de ese rumbo, obra de un talentoso Allah-Rakha Rahman.
Desde hace unos años, ella participa activamente en un festival musical en su Córdoba natal (New Docta), que promueve la música especialmente entre jóvenes, y particularmente la música clásica.
Algunos años atrás, dejé aquí en marenostrum, algunas voces contralto que me gustan.
Entre ellas, la de Galina Barinova, una siberiana de la que poco se sabe más allá de Rusia. Es lo que llaman contralto profundo. Algo que particularmente se da entre aquellas gentes, en los varones (como el bajo profundo, tan terriblemente sonoro) o en algunas mujeres. De entre las pocas que hay con ese registro tan oscuro y grave, la Barinova se destaca, creo.
Completé en estos días aquella serie de la rusa con unas pocas piezas más, porque es difícil de hallar, viera usted.
El repertorio no puede ser más ruso. Como la melancolía que destilan las canciones, alguna con versos de Pushkin...
Hace años, Ignacito Anzoátegui, buen amigo ya en el cielo de los artesanos, me regaló una parte de sus viejos discos long play de flamenco y lo mucho que le gustaba; y fue una tarde mientras conversábamos, fumábamos parisennes y mateábamos amargos en los altos de su casa de Bella Vista, donde tenía su cueva.
Vocee su amor a España todo lo que usted quiera, hágase el gallego, ensáquese de manzanilla, pronuncie la zeta, trasiegue Jabugo, éntrele a las palmas, tome vino en bota, taconee, pontifique sobre palos, menee las caderas, lo que sea: será completamente inútil. El flamenco es una de esas cosas que ni queriendo se pueden imitar. Lo sabía bien Ignacio, que hasta donde recuerdo no tenía otra sangre que no fuera hispana y por eso mismo.
Y un servidor lo sabe porque, diría, no tengo ni una sola gota de sangre hispana, y por eso mismo. Me parece que, en algún sentido, siendo lo absolutamente otro acaso hasta se lo entiende un poco más y seguro se entiende mejor lo imposible de su imitación.
No dije ser más, ni ser mejor: dije que es inimitable. Sólo los andaluces saben de qué se trata exactamente y cómo se hace realmente. Y hay que ser andaluz (más no sea secundum quid...) para conocerlo.
Y creo que en Flamenco, Carlos Saura hizo una cosa bien hecha dejando con arte que los andaluces lo mostraran con arte.
No tiene que gustarle, siquiera. Pero sería una desdichada muestra de pusilanimidad que no se pudiera apreciar la hondura y la belleza de esta forma de arte dramático (porque eso es antes que música, toque, cante o baile...)
Vaya lo que aquí dejo a la memoria de mi buen amigo y en su homenaje.

En 1996, un grupo de músicos – la gran mayoría irish – se ayuntaron para rendirle un homenaje a Turlough O'Carolan, el arpista ciego irlandés de fines del XVII y principios del XVIII, emblema de la música de la verde Erín y compositor de centenares de piezas, todas memorables, catorce de las cuales hicieron en este disco.
Entiendo que, pese a cierta rareza, se ha respetado el aire de O'Carolan. Como fuere, el resultado peculiar, que recrea interpretando esas melodías, queda aquí.
Es apenas una muestra variada.
Le Poéme Harmonique es un grupo de amantes de la música del barroco europeo, particularmente italiano, francés e inglés.
Lo fundó y lo dirige Vincent Dumestre, que sabe lo que hace, diría. Nació en pleno mayo francés del ´68 y fundó este ensemble 30 años después.
(Cuando canta con ellos, se destaca, a mi sabor, la voz de Claire Lefilliâtre que, aunque es sorprano, me parece superior.)
Han hecho mucha música y han grabado 30 discos en los últimos 20 años. Por eso esto es apenas una muestra.
En 1744, el napolitano Nicola Porpora compuso para L'Ospedaletto de Venecia estas Vísperas para la Fiesta de la Asunción de Nuestra Señora.
Era moda entonces recurrir a la suntuosa ciudad del ducado, casi abarrotada de música y de músicos. Contemporáneo de Vivaldi (que estaba allí mismo en el Ospedale della Pietà), como él componía música para las orquestas y coros de estos hospicios de niñas y jóvenes.
Uno de los maestros de Joseph Haydn, también estuvo en Londres con Händel. Fue virtuoso y de notable inventiva vocal, un adelantado en la ópera que vendría, aunque me figuro que con más elegancia y, en este caso, con devoción y delicadeza..
Siglo XVIII, sí. Pero en Italia. Que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Dejo aquí, en 5 partes, la obra dedicada a L'Assunta.
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La ilustración, tal vez de 1490, representa la Asunción de la Virgen. Es obra que se le atribuye al Maestro de las Once Mil Vírgenes, un anónimo segoviano del siglo XV.
Triste España sin ventura,
todos te deven llorar.
Despoblada de alegría,
para nunca en ti tornar.
Tormentos, penas, dolores,
te vinieron a poblar.
Sembrote Dios de plazer
porque naciesse pesar.
Hízote la más dichosa
para más te lastimar.
Tus vitorias y triunfos
ya se hovieron de pagar.
Pues que tal pérdida pierdes,
dime en qué podrás ganar.
Pierdes la luz de tu gloria
y el gozo de tu gozar
Pierdes toda tu esperança,
no te queda qué esperar.
Pierdes Príncipe tan alto,
hijo de reyes sin par.
Llora, llora, pues perdiste
quien te havía de ensalçar.
En su tierna juventud
te lo quiso Dios llevar.
Llevote todo tu bien,
dexote su desear,
porque mueras, porque penes,
sin dar fin a tu penar.
De tan penosa tristura
no te esperes consolar.
-Espero que no suceda en mi época -dijo Frodo.Esto está en La sombra del pasado, que es el capítulo 2 del libro primero de la primera parte de El Señor de los Anillos.
-También yo lo espero -dijo Gandalf -, lo mismo que todos los que viven en este tiempo. Pero no depende de nosotros. Todo lo que podemos decidir es qué haremos con el tiempo que nos dieron.
“All we have to decide is what to do with the time that is given to us”.