Giuseppe Clemens dall'Abaco nació en 1710 y murió en 1805. Es el hijo de don Evaristo dall’Abaco (don a la criolla, no a la italiana...)
Se lo conoce poco. A don Evaristo se lo oye, al hijo casi nada.
Por eso tiene mérito la virtuosa Kristin von der Goltz, que hizo al cello, en 2006, los 11 Capricci para violoncello, un fragmento de la obra del cellista que, como casi toda ella, es prácticamente desconocida.
Pero es cello y aquí no puede faltar.
Algo los une a Giuseppe y Kristin, además del amor por las mismas cosas: ambos empezaron su formación al cello con sus respectivos padres.
Yo ya me voy con las flores
antes de que estén marchitas,
las llevo de las mejores
pa' las muchachas bonitas.
Llevo rosas, llevo rosas para las mozas,
margaritas, margaritas para las bonitas.
Yo ya me voy con las flores,
amarillas, rosaditas,
de viejos ríos cantores
cortadas de la orillita.
Llevo rosas, llevo rosas para las mozas,
amapolas, amapolas para las solas.
Yo ya me voy con las flores
antes de que estén marchitas,
las llevo de las mejores
pa' las muchachas bonitas.
Yo ya me voy con las flores
amarillas, rosaditas,
de viejos ríos cantores
cortadas de la orillita.
Azahares, azahares quita pesares,
llevo rosas, llevo rosas para las mozas.
Yo ya me voy con las flores...
Esta obra es del músico e investigador de la música de Venezuela, Rafael Salazar.
Mi pregón de flores
Flores... las flores...
a las niñas morenas,
y a las rubias encendías,
a las que entran y salen,
y a las que están escondías,
para que nadie las vea,
detras de la celosía,
yo les vendo las flores,
las flores mas lindas
de Andalucía
Venid muchachas y caballeros,
que a todo el mundo, venderles quiero,
de mis claveles, las maravillas
los más hermosos, que hay en Sevilla
de mis claveles, las maravillas
los más hermosos, que hay en Sevilla.
Yo no tengo jardín, ni azotea,
ni arriates, ni huertos en flor,
los claveles los llevo en la cara,
porque me los siembra, la gracia de Dios.
Los claveles los llevo en la cara,
porque me los siembra, la gracia de Dios
Flores...
La que no tenga novio,
la que se le fue el marido,
la que está en relaciones
veintidós años seguidos,
si se adornan la cara
con estos claveles míos
almirantes y reyes, y reyes
caerán a sus pies, rendidos.
Venga la fea, venga la hermosa,
que en sus cabellos pondré una rosa,
no hay un milagro como mis flores,
para las que sufren de mal de amores.
No hay un milagro como mis flores,
para las que sufren de mal de amores.
Yo no tengo jardín, ni azotea,
ni arriates, ni huertos en flor,
los claveles los llevo en la cara,
porque me los siembra, la gracia de Dios.
Los claveles los llevo en la cara,
porque me los siembra, la gracia de Dios
Flores, las flores...
Este Pregón de las flores, que llaman también Pregón de la gitana, es una copla de Antonio Quintero, Pascual Guillén y Juan Mostazo que Estrellita Castro interpretó en la película El barbero de Sevilla. Existe una versión más reciente de Pasión Vega.
Hay un video tomado de Suspiros de España, un film que Paquita Rico protagonizó junto al madrileño Angelillo. En él, interpreta unos cantos trianeros que suenan en una mañana de Triana. La obra es del afamado trío de compositores de aquellos años, Ochaíta, Valerio y Solano.
Alfonso Ortíz Tirado, hace, de Ernesto Lecuona, El pregón de las flores.
Luisa de Córdoba hace una tonadilla madrileña en la que canta el pregón de una vendedora de flores en La Paloma, lo que se refiere a la iglesia de la Virgen de la Paloma, afamada advocación madrileña. No sé de quién es la letra y la música.
Antoñita Moreno hace Mi pregón de flores, con letra de Salvador Guerrero y música de Carlos Castellanos
Ángel Barrios, guitarrista de Guadalajara, compuso la música de su propio Pregón de las flores, una rondeña del siglo XIX.
Por su parte, el Pregón de las rosas es un bolero-son de Agustín Lara.
Rosas de mi jardín,
flores que sólo son para ti,
niñas yo traigo rosas de mi jardín,
rosas que sólo son para ti.
Rosas para tus labios
encendidos y rojos,
rosas para tus manos,
rosas para tus ojos.
Si tu besas mis flores
mis flores de estremecen,
y si las acaricias
las pobres languidecen.
Rosas para tus labios
encendidos y rojos,
rosas para tus manos,
rosas para tus ojos.
Se va...
el pregonero se va...
se va, se va.
De regalo, en el regalo, El rey de las flores, que hace Soledad Bravo, con un final truculento, lástima. La ideología hace eso: usa las cosas y las deshace.
Dicen que el nombre salió de casualidad. Estaban en Italia y eran 8. No tenían nombre para presentarse en un concurso y eligieron una palabra latina para decir que eran 8 voces.
Voces8 se llama este ya famoso ensemble coral británico de amplio espectro en estilos y épocas, aunque especialistas en el Renacimiento inglés y continental.
Tienen, como curiosidad, un método de enseñanza musical que distribuyen por colegios e instituciones de todas partes, empezando por la isla, claro.
"Las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz" de Joseph Haydn (1732-1809), es una de las obras musicales más representativas del "Siglo de las Luces". Más de doscientos años nos separan de dicha época y, a pesar de ello, su mensaje espiritual y su potencial expresivo conservan toda su vigencia y todo su poder sugestivo. La maravillosa Luz que emana de cada una de estas páginas se ha mantenido intacta gracias al genio creativo, a la riqueza interior y a la capacidad de simbolismo poético/musical del maestro de Esterházy. Siete movimientos lentos --ocho si contamos con la Introduzione-- realizados con una tal variedad de recursos en la invención musical, en los ritmos, en la dinámica, en las tonalidades, en la selección de los temas, y en una pintura sonora y expresiva excepcional, que uno pierde totalmente conciencia de la sucesión de piezas de aspecto y dimensión muy parecidas. Pero sobre todo hay que señalar el factor esencial que da un valor totalmente especial a este ciclo: el clima expresivo es constantemente de una intensidad y de un fervor supremamente emocionantes. Haydn así lo entendió cuando él mismo nos contaba su idea: "Cada sonata, o cada texto queda expresado por los únicos medios de la música instrumental de tal manera que despertará necesariamente la más profunda impresión en el alma del menos enterado de los oyentes". (Carta del 8 de abril de 1787 a su editor de Londres William Forster).
En el momento en el que le llegó este encargo especial, a principios de 1786, Haydn era ya un maestro famoso conocido en todo el mundo musical, pero en seguida se siente fascinado por la especial dificultad del proyecto. En su autobiografía, el canónigo ("l'abbé") Maximilian Stadler (1748-1833) nos explica que se encontraba en casa de Haydn cuando llegó el encargo: "A mi también, me preguntó lo que pensaba de ello. Le contesté que lo mejor me parecía empezar por adaptar a las palabras una melodía apropiada y repetirla después para los instrumentos solos. Fue lo que hizó, pero ignoro si él mismo habia tenido esta intención". En el año 1801, en el momento de la edición por Breitkopf & Hártel de la versión vocal de la obra, fue publicado un texto explicativo y bastante plausible, redactado por Georg August Griesinger (1769-1845), próximo biógrafo de Haydn, en el cual se nos describe el contexto y las circunstancias de esta creación, según sus propias palabras (ipsissima verba):
"Hace unos quince años, un canónigo de Cádiz me hizó el encargo de componer una música instrumental sobre Las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz. Se tenía entonces la costumbre en la catedral de Cádiz de ejecutar cada año, durante la cuaresma, un oratorio cuyos efectos se encontraban reforzados por las circunstancias siguientes: Las paredes, ventanas y pilares de la iglesia estában tendidos de tela negra, solo quedaba una gran lámpara colgando en el centro que rompía esta santa oscuridad. A mediodía se cerraban todas las puertas y entonces empezaba la música. Después de un preludio apropiado, el obispo se subía al púlpito, pronunciaba una de las siete palabras y la comentaba. A continuación, bajaba del púlpito y se prosternaba delante del altar, este intervalo de tiempo se llenaba con la música. El obispo subía al púlpito y bajaba por segunda vez, por tercera vez, etc... y cada vez, la orquesta intervenía al final del sermón. He tenido que tomar esta situación en cuenta en mi obra. La tarea que consistía en hacer que se sucediesen siete Adagios, cada uno de diez minutos aproximadamente, sin fatigar al oyente, no era cosa fácil."
El hecho de que esta música debía servir de contrapunto espiritual a un comentario hablado sobre las siete últimas palabras de Cristo, explica la costumbre de realizarlo con una música puramente instrumental.
Esto cuenta Jordi Savall respecto del oratorio instrumental que compuso Joseph Haydn.
Sobre este tema hay infinidad de sermones y composiciones musicales corales e instrumentales a lo largo de los siglos.Y sigue lleno de misterio como al principio, cuando las Palabras fueron dichas por primera vez.
En su versión coral, me quedo con ésta obra de César Franck (1822-1890), curiosamente una de sus años oscuros (1859), que, si me preguntan, diría que en algo es más acorde con las Palabras que la del maestro Haydn. La obra fue descubierta tardíamente y nunca se ejecutó en vida de su autor, quien probablemente la compuso para la Semana Santa de 1860. Hoy día, incluso, es escasamente conocida.
Cuando ya no era la voz que hubo sido, Joan Manuel Serrat grabó una guarania, famosa en el Paraguay: Che Pykasumi. Y, aunque Mi palomita era famosa ya, incluyéndola en su reportorio el catalán la hizo más universal todavía.
Es de una sencillez pasmante y siempre me gustó. Tanto que repito su inclusión en esta bitácora, ahora mostrando las distintas formas que encontré para su interpretación.
Pero no es todo. Recién hace poco llegué a saber el origen y el motivo de esta guarania. Aquí lo dejo para ilustración del lector interesado. Es un fragmento del libro de Mario Álvarez sobre canciones y tradiciones paraguayas. Un solo dato adicional, para los que no lo saben: el maestro José Antonio Flores es el creador de ese ritmo de guarania, tal como allí se dice al pasar.
La letra nació de la pluma del maestro de escuela yaguaronino, músico y poeta, Cecilio Valiente Arámbulo. Este artista llegó al mundo el 22 de noviembre de 1896 en la compañía Saguasu del distrito de Yaguarón. El profesor normal Luis Martínez, uno de los pioneros de la enseñanza particular de comienzos del siglo XX en la zona, le inició en el arte de la escritura. Cuando terminó su formación primaria, recibió el adiestramiento adecuado para ser maestro rural. En su calidad de docente, fundó la escuela de la compañía Guajaivity. Aquí fue maestro de horas completas durante 11 años.
Mientras nutría su mente con los escasos libros que caía a sus manos y leía con avidez, aprendía también música. En las escuelas enseñaba -además de las otras asignaturas-, música y canto.
El violín fue su instrumento preferido. Los secretos de la guitarra no le eran ajenos. Con el tiempo, integraría, como fundador y director, el Conjunto Yaguarón. Después tomó parte de la Gran Típica Garay -también de Yaguarón- y de la Orquesta Típica Medina, de Pirayú. En las dos agrupaciones ejecutaba el violín.
Según el relato de Adelio Pastor Valiente Salcedo, hijo de Cecilio -éste es su nombre correcto, no Carlos como erróneamente circula en algunas carátulas de discos-, la historia que concluiría con Che Pykasumi se había iniciado en 1922. Tronaban los cañones de los saco mbyky y los saco puku -facciones liberales que pretendían dirimir diferencias a balazos-, mientras el profesor-músico se enamoraba de Luisa Carmona, una joven compueblana suya.
Al verla por primera vez la imaginó una pykasu -paloma- de andar elegante y se enamoró de ella. Ese año de tribulaciones sangrientas para la patria le escribió sus primeros versos. Los tituló Pykasu chaite porque ella esquivaba sus reclamos amorosos. Él insistió una y otra vez hasta que en 1925 la mujer se trasladó a Asunción. Esa ausencia hizo que Cecilio escribiera Rohechaga'u Paraguay. En realidad, no añoraba la capital sino a la prenda que le había llevado.
Luisa retornó a Yaguarón y el romance adquirió carácter más firme. En 1928, sin embargo, cuando el músico retornaba de una gira por el departamento de Misiones, se encontró con una ingrata noticia: su amada, junto a su familia, se había trasladado al lejano Puerto Pinasco, en el Alto Paraguay. La desazón golpeó sin piedad al sensible poeta que escribió entonces Che Pykasumi. Allí, en seis estrofas -la versión cantada tiene sólo cuatro-, expresa su desolación extrema.
Los versos fueron publicados por Ocara Poty Cue Mi en su edición No. 32 de aquel mismo año. Aquí los encontró Eladio Martínez que les puso música en ritmo de polca alrededor de 1930. Luego, ya en Buenos Aires -tuvo que haber sido después de la finalización de la guerra contra Bolivia-, le llevó al maestro José Antonio Flores para que le arreglara y completara su trabajo. El creador de la guarania le propuso convertir la polca en una guarania ya que el tema se prestaba para ello.
Eladio Martínez -según recuerda haberlo escuchado decir el periodista Antonio Pecci-recibió la expresa prohibición de Flores de que no incluyera su nombre al registrar la obra en la SADAIC, que es la sociedad que nuclea a los autores en la Argentina, ya existente en aquella época. Haciendo caso omiso a la advertencia, Martínez puso el nombre de Flores. Éste, que tenía sus delicadezas, no le habría dirigido la palabra a Eladio durante un buen tiempo por ese episodio que evidencia la honestidad y la humildad del creador de la Guarania. En cuanto a nuestro poeta, ya con la certeza de que su encantadora y difícil pykasu había volado para siempre, se casó -en 1931- con Asunción Salcedo, madre de sus 11 hijos.
Cecilio Valiente Arámbulo murió el 6 de diciembre de 1976 en Yaguarón.
Lo que no dice Álvarez, pero sí el nieto de Cecilio Valiente, es que Eladio Martínez se llevó la obra a Buenos Aires y la inscribió como propia, con música de J. A. Flores, que al parecer estuvo enojado por años con Martínez por el asunto. Tampoco dice Álvarez que el nieto de Cecilio encontró el original de 1928 firmado por su abuelo en la sección de Derechos Intelectuales del Ministerio de Industria y Comercio paraguayo. Nadie sabe de quién son hoy por hoy los derechos, aunque sí se sabe que Martínez y sus descendientes los cobraron en SADAIC durante años. Hace algún tiempo, se hizo en Paraguay una película sobre la historia de esta canción, hablada en guaraní, claro.
La letra completa dice (sólo se cantan cuatro de estas estrofas, las del medio no):
Che pykasumi reveve va’ekue chehegui rehóvo
oúva ne angue cada pyhare che kéra jopy
rohayhúgui aî ajepy’apýva che nera’arôvo
michînte jepépa ndaivevuivéi che mba’e mbyasy.
Ne añaitégui nde aikóva ko’âicha aikove asy
jaikóma rire ku juayhu porâme oñondivete
reveve reho che reja rei chemotyre’ŷ
aiko aiko rei ndavy’amivéi upete guive.
Veces ndakevéi, pyhare entero nderehe apensa
akéta mo’â chembojepoyhu nema’ê asy
nde resa rory rojuru pyte rohêtûrôygua
apáy roheka ku ndorojuhúi haime che tavy.
Ma’erâve nipo aikove ko’âicha ambotuichaite
la nepore’ŷ nde upe mombyry che tupâsymi
chénte rohayhúgui aikóva ahasa desprecio mante
ha nde rehoite nderejukuaavéi che pykasumi.
Ku amáske ko’ê rohayhu asy narremediavéi
ñaimo’â voi ku itavymíva mba’e aiko
ama’ê asy ku nde rogamíre ha nde nereiméi
korasô rasy chembotarova chembojahe’o.
Resêva’ekue chehegui rehóvo che pykasumi
reipotave’ŷgui rohavi’ûmi ni rojavyky
ejumi jevyna ikatumiháicha che consolami
ta’ivevuive che jopy asyva che mba’e mbyasy.
Como se ve, desprecio y consolar no tienen su equivalente en guaraní. Notable, para el caso del que se trata.
No es fácil dar con esta muchacha. A pesar de su fama.
Sé que su padre era un pianista estadounidense y su madre una violinista japonesa. Es doctora en música por el Julliard. Virtuosa del cello, muy simpática e histriónica y de amplio espectro en su reportorio, como se ve.
Kristina Reiko Cooper. Un día, se cruzó con un banquero judío en Nueva York, se casó con él, se convirtió al judaísmo, tuvieron un hijo y viven a medias entre Israel y EE. UU..
Viaja por el mundo con su hijo y un cello de 1786, con el que da conciertos.
Ahora bien.
Lo que decía hace poco del bueno de Stjepan Hauser, ¿también vale para ella?
Es mujer, claro. Y no es tan joven como Hauser. Y está la ascendencia japonesa materna, que algo pone en el sentir.
Y está su espontáneo pero trabajado histrionismo, su dominio del "espectáculo".
Tal vez por allí es por donde haya una rendija.
En ella, el cello suena por las suyas, me parece. Bien que ella lo hace sonar, claro. Pero entre ella y su cello, los sonidos de su William Forester 1786 parecen más bien del cello que de Kristina, si se entiende lo que quiero decir.
No me haga caso. De esas cosas un servidor entiende poco y nada.
Stjepan Hauser es un virtuoso del cello. Nació en Croacia, más exactamente en Pula de Istria.
Allí, en el verano de 2018, dio un concierto en el antiguo anfiteatro romano de la ciudad, junto al mar Adriático.
El programa incluye las melodías que mejor le pareció a Hauser, acompañado por la orquesta sinfónica de Zagreb y algunos invitados.
Stjepan tiene 32 años (en junio cumple 33).
Mi debilidad por el cello me lo puso a la vista. Y no desentonó.
Salvo que.
Por algún lado, quién sabe qué fue, noté una cierta como juventud en sus manos. Y me quedé pensando si para pulsar el cello no hace falta algo de vida vivida, además de virtuosismo. Algo tiene su sonoridad melancólica y grave que parece pedir haber sufrido para que suene del todo.
Y resulta que toca estarse un tiempo por tierras del México jarocho.
Dos cosas: el zapateo veracruzano es obligatorio y las letras -casi todas populares- tienen su gracia hispánica (y nadie ha cometido la estupidez de exigir que España pida perdón por eso...)
Qué le puedo decir: la izquierda es a la cultura lo que un vegano a un asado.
En 1670, el bohemio de Bohemia Heinrich Ignaz Franz Biber compuso una serie en sonatas dedicada a los Misterios del Santo Rosario. Se las tituló Rosenkranz Sonaten (o Mysterien Sonaten)
Una
versión completa de esa obra dejo aquí, con la ejecución del moscovita Dmitry
Sinkovsky al violín y Luca Pianca en laúd. Olga Watts está en el órgano y
harpsicordio. Margaret Koell, triple arpa.
El orden es el tradicional: misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos. Al final hay una Passacaglia agregada.
La obra, al decir de los peritos, tiene guiños y simbolismos evidentes para un musicólogo, y otros que sólo admiten conjeturas y especulaciones. Por ejemplo, en el misterio del Nacimiento de Jesús, hay fragmentos idénticos a los que se ven en el misterio de la Crucifixión. En la Resurrección, dicen, hay una "extraña y especial scordatura en octavas requerida por el compositor para esta sonata, donde las cuerdas segunda y tercera se cruzan antes del puente del violín formando una especie de cruz."
Todo ello invisible para el oído de un simple oyente. Misterios de la música que hace misterios con su propio lenguaje.
Una de ellas es la costumbre de ocultar sutilmente las dificultades artísticas. Hasta que la obra resulte sencilla. A veces hasta casi elemental.
A l'Ombre d'un Ormeau: Brunettes & Contredanses, es el título de un volumen que grabaron Les Musiciens de Saint-Julien, siempre bajo la dirección de François Lazarevitch, y ahora con la presencia de la soprano Annie Dufresne.
Ormeau, por ejemplo, es dos cosas: un olmo pequeño y un molusco. Brunettes, por su parte, son breves canciones de tema pastoril.
Son del siglo XVII y XVIII las composiciones que aquí quedan. Algunas anónimas, algunas de autores consagrados, otras de autor menos famoso. Populares todas. Todavía en aquellos siglos algo sano quedaba en los pueblos como para apreciar estas pequeñas muestras de belleza.
La música puede hablar, puede mostrar, narrar, describir.
Por ejemplo. Una vez que la música se metió en el mundo del cine, quedó tan ligada a la trama y a las escenas que ya es imposible deshacer esa cupla. En el espectador, esa ligazón se hizo casi inmediatamente, de modo que podría decirse que ya ve con el oído y oye con los ojos.
Pero por qué las imágenes necesitarían música para ser exhibidas. No es fácil entender eso. De hecho no la necesitan, si se entiende por necesitar que el ojo no ve hasta que el oído no oye.
Claro que si me pusiera apenas algo esotérico y pitagórico, podría decir que el ojo, cuando ve, ve también algo musical, ve música.
Porque hay música en todo lo que existe.
Hasta en el más absoluto silencio.
__________________________
La presentación del volumen que junta a Yo-Yo Ma con Ennio Morricone, dice lo siguiente: 01 - Gabriel's Oboe from The Mission --------00:00 - 03:13 02 - The Falls from The Mission--------------03:13 - 05:41 03 - Playing Love from The Legend of 1900----05:41 - 07:09 04 - Nostalgia from Cinema Paradiso----------07:09 - 09:07 05 - Looking for You from Cinema Paradiso----09:07 - 10:50 06 - Main theme from Malena------------------10:50 - 15:11 07 - Main Theme from A Pure Formality--------15:11 - 19:03 08 - Deborah's Theme from Once Upon A Time In America------19:03 - 22:35 09 - Cockeye's Song from Once Upon a Time in America-------22:35 - 24:47 10 - Main Theme from Once Upon a Time in America--------24:47 - 26:35 11 - Main Theme from Once Upon a Time in the West---------26:35 - 29:56 12 - Ecstasy of Gold from The Good, the Bad, and the Ugly-------29:56 - 33:54 13 - Main Theme from Casualities of War-----------33:54 - 37:47 14 - Death Theme from The Untouchables------------37:47 - 41:02 15 - Journey from Moses---------------------41:02 - 43:36 16 - Main Theme from Moses------------------43:36 - 45:42 17 - Main Theme from Marco Polo-------------45:42 - 49:06 18 - Dinner from The Lady Caliph------------49:06 - 52:56 19 - Nocturne from The Lady Caliph----------52:56 - 56:00
El conjunto musical se llama Les Musiciens de Saint-Julien y lo conduce François Lazarevitch. Robert Getchell es el tenor en este álbum de 2013 que titularon For Ever Fortune: Scottish Music in the 18th Century.
Alguna duda me queda respecto del origen escocés de estas músicas. Al menos sé de una que es irlandesa y de esa misma época: Mrs. Judge, una composición del arpista ciego Turlough O'Carolan, creo que el más afamado de los compositores de Éire.
No le hace. Ya veré, no hay tiempo ahora. Suena bien, como fuere.
Y Kathia Buniatishvili tiene manos virtuosas para el piano.
Las dos cosas son verdaderas.
También ella vive en París (se naturalizó francesa) y también ella tiene 31 años.
Aquí se las presento en un concierto que dio en el Festival de Tsinandali, en su Georgia natal, en septiembre de 2017 (también llegando al otoño en aquellos lugares...)
La orquesta es la filarmónica israelí y el director, Zubin Mehta
Para los interesados, dejo el Programa de la ocasión.
Con este título, Roberta Invernizzi, soprano, y Sonia Prina, contralto, grabaron un volumen con pasajes para dúo de Monteverdi, Händel, Durante, Lotti, B. Marcello. Una sonata K90, de Domenico Scarlatti, se cuela por allí (recomiendo el 3er. movimiento...) y completa el asunto.
En los primeros años de esta página, las músicas que aquí aparecieron fueron alojadas en un sitio que hoy es inaccesible. Con el tiempo, hubo que cambiar el sistema y armar listas en otro formato audiovisual, más universal y relativamente más estable. Y esto dicho porque, mirando al azar, algunas piezas que estuvieron disponibles en ese nuevo formato cuando se las publicó aquí, ahora no lo están.
Es una pena que esas músicas vayan al olvido. Al menos para un servidor.
Por eso mismo rescataré cuantas pueda, aunque no sea en el mismo orden en el que aparecieron por primera vez.
Tendrán el título original. Pero, para que sea más claro, me pareció conveniente incorporar al título algún signo que identifique lo ya publicado y ahora rescatado. Y ese signo será *R:.
Bien podría ocurrir que o no encuentre todas las músicas originales o que agregue alguna a las rescatadas.
A la vez, en la nueva entrada habrá un enlace a la entrada original, porque en varias hay textos que amplían la información sobre las músicas. Y siempre hay algún interesado que merece esa atención.
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U primu. (Música de Córcega, con Anghjula Potentini)
Una persona oyente de esta página me recuerda quehace unos años traje algunas melodías bretonas, con sus más y sus menos (esto lo digo yo, no ella...)
Pero con delicadeza me advierte que hoy por hoy están inhallables. Es la segunda vez en pocos días que ocurre lo mismo. Eso tal vez me está pidiendo encarar un asunto que diría por pereza no atendí antes: rescatar músicas perdidas (en esta bitácora no en el cosmos, se entiende...)
Bueno.
Por ahora, aquí van algunas muestras de aquellos sabores bretones.
Y hablando de cómo se aprende música, dejo este ejemplo de san Ignacio de Moxos, antigua misión jesuítica de Bolivia.
Me parece conmovedor.
Pero.
Un breve excursus.
A mi gusto, el ejemplo de Moxos, como el de Chiquitos y otras tantas misiones que tenían un desarrollado arte musical, es ejemplo de hecho del mestizaje cultural que lograron edificar los españoles en América. Y que por varias vías y modos pervive hoy, con un fuerte arraigo.
Dicho de otro modo: Moxos, como los demás centros de irradiación, es de hecho políticamente incorrecto. Y más lo es cuanto más se empeñen hoy en conservar ese legado.
Sin embargo, como se ve en el minuto 49 y siguientes de esta muestra que dejé más arriba, no están hoy del todo libres de cierta corrección política: sobre la cuestión de la mujer en aquellos tiempos, al decir de la que allí habla (y que dirige el ensemble).
Es curioso que tan ilustrada señora no sepa que el barroco europeo tiene insignes compositoras. Como parece raro que no sepa que, por decir alguno, Antonio Vivaldi, para los mismos años de muchas de las composiciones del barroco americano, componía música para las mujeres del Pio Ospedale della Pietà de Venecia, con lo que ganaba buena parte de su sustento. Y más: tenía allí orquestas y coros integrados exclusivamente por féminas.
Hay gentes -gajos de Italia, tanto como uno- que arrugan el morro cuando digo que me gusta Sicilia y todo il Sud, de Roma abajo. Y sus voces y sus músicas. Y su cocina, claro. Mitad de mi sangre es río de esa fuente.
Aquellas son gentes norteñas, se entiende. Aunque no más que un servidor.
Por eso este paseo por el Piamonte. Para que no se diga (y para que mi abuela María no me lo reproche un día...)
Canciones viejas y nuevas. Y su dulzura casi francesa y provenzal. Tan francesa y provenzal que a ratos ni parece italiano.
Los que se quejan de que los sureños no hablan italiano, dirán lo mismo de estos dialectos venuti dal Nord.
Si llegan acaso a entender el piemonteis...
Y el caso es que este asunto vino a propósito de un pedido sobre la letra de una canción que ya había publicado hace años y que ahora agregué también a esta lista, es la segunda.
La canción cuenta un motivo popular: el padre casa a su hija de 15 años por la fortuna del anciano con el que la casó. El viejo duerme toda la noche de bodas y nada puede hacer la niña para despertarlo. A la mañana siguiente la niña va a la casa de su padre y se queja. Paciencia, hija mía, paciencia. El viejo morirá y heredarás toda su fortuna, dice cínicamente el padre. No quiero su dinero ni nada de su hacienda, dice romántica y sensatamente la moza: a la sombra de un bello joven se está siempre mejor...
Basta exponerse una hora a Il commissario Montalbano para que salga un servidor a buscar -de pura nostalgia- los sonidos sureños de il Meridione d'Italia.
È già vecchio e ancora un uomo di Modena (...e un uomo di sinistra).
Ma ci sono alcune canzoni che dicono che ha un certo talento musicale e certa poesia a volte un po 'ruvida, a volte tenera, sempre potente e significativa.
Lo stesso Guccini ha detto in una delle sue canzoni:
Però non ho mai detto che a canzoni si fan rivoluzioni, si possa far poesia
Lo ricordo così.
Solo tre canzoni, nel loro modo di dirle.
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Canzone delle domande consuete (per chi vuole cantare con lui...)
Ancora qui a domandarsi e a far finta di niente come se il tempo per noi non costasse l' uguale, come se il tempo passato ed il tempo presente non avessero stessa amarezza di sale.
Tu non sai le domande, ma non risponderei per non strascinare parole in linguaggio d' azzardo; eri bella, lo so, e che bella che sei, dicon tanto un silenzio e uno sguardo...
Se ci sono, non so cosa sono e se vuoi quel che sono o sarei, quel che sarò domani, non parlare non dire più niente, se puoi, lascia farlo ai tuoi occhi, alle mani
Non andare, vai... Non restare, stai... Non parlare, parlami di te...
Tu lo sai, io lo so, quanto vanno disperse, trascinate dai giorni come piena di fiume tante cose sembrate e credute diverse, come un prato coperto a bitume.
Rimanere così, annaspare nel niente, custodire i ricordi, carezzare le età; è uno stallo o un rifiuto crudele e incosciente del diritto alla felicità
Se ci sei, cosa sei? Cosa pensi e perché? Non lo so, non lo sai; siamo qui o lontani? Esser tutto, un momento, ma dentro di te, aver tutto, ma non il domani
Non andare, vai... Non restare, stai... Non parlare, parlami di te...
E siamo qui spogli in questa stagione che unisce tutto ciò che sta fermo, tutto ciò che si muove, non so dire se nasce un periodo o finisce, se dal cielo ora piove o non piove
Pronto a dire "buongiorno", a rispondere "bene", a sorridere a "salve", dire anch'io "come va?" Non c'è vento stasera. Siamo o non siamo assieme? Fuori c'è ancora una città?
Se c'è ancora, balliamoci dentro stasera, con gli amici cantiamo una nuova canzone tanti anni e son qui ad aspettar primavera, tanti anni ed ancora in pallone...
Non andare, vai... Non restare, stai... Non parlare, parlami di te... Non andare, vai... Non restare, stai... Non parlare, parlami di noi...