La Gran Entrada, en la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo, es un momento solemne y estremecedor.
Pan y vino, que se encaminan a la Transubstanciación, van en las manos del Diácono y del Celebrante, respectivamente, en una procesión que acompañan los acólitos, mientras se entona este Himno de los Querubines.
De letra breve y sencilla y melodía impresionante, el Himno se remonta a tiempos del siglo VI.
Aquí he recopilado versiones de distintos autores eslavos y griegos.
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Encontré esta versión fonética (del original griego) y su traducción al castellano. Por cierto que hay una versión rusa (que también cantan los ortodoxos de lengua eslava, con alguna variante) y que se oye en la selección que aquí dejo.
O’i tá jeroubeím mystikoós e'ikonízontes
-kaí të zoopoioó Triádi tón Triságion 'Ýmnon prosádontes-,
pásan tën biotikën 'apóthómetha mérimnan...
'Os ton Basiléa ton 'ólon 'ypodexómenoi,
tais 'aggelikaís 'aorátoos doryforoúmenon táxesin:
'Allëlouïa!, 'Allëlöuïa!, 'Allëlouïa!
Los que místicamente somos íconos de los querubines
-y a la vivificante Trinidad, cantamos el himno Tres veces Santo-,
todo afán material desechemos...
Para recibir al Soberano del Todo (Rey de todas las cosas),
por angélicas huestes invisiblemente escoltado:
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Tiempo atrás dejé algunas señas de Turlough O'Carolan, un arpista ciego de fines del XVII y principios del XVIII. También dejé allí datos sobre una de sus composiciones, dedicada a Eleanor Plunkett.
Vuelvo un momento por esos pasos. Traigo ahora varias versiones de ese aire y una muestra más de algunas otras composiciones de O'Carolan, porque su ceguera me resulta sumamente luminosa en un día gris y lluvioso.
En 1638, Tarquinio Merula hizo conocer esta canción que para muchos es una de las más bellas del autor, nacido en Busseto, vecino de mi sangre en la misma pianura entre Parma, Piacenza y Cremona.
Veinte veces la oigo, veinte veces me gusta. Variaciones, voces, registros, colores, instrumentos.
No pocos dicen que es de las mejores del período. Y algunos cuantos dicen también que forma entre las más bellas a secas.
Los versos, dicen también, son de su contemporáneo Pio de Savoia.
Y aquí están.
Folle è ben che si crede che per dolce lusinghe amorose o per fiere minaccie sdegnose dal bel Idolo mio ritragga il piede. Cangi pur suo pensiero ch’il mio cor prigioniero spera che goda la libertà. Dica chi vuole, dica chi sa.
Altri per gelosia spiri pur empie fiamme dal seno versi pure Megera il veneno perché rompi al mio ben la fede mia. Morte il viver mi toglia mai sia ver che si scioglia quel caro laccio che preso m’ha. Dica chi vuole, dica chi sa. Ben havrò tempo, e loco da sfogar l’amorose mie pene da temprar de l’amato mio bene e de l’arso mio cor, l’occulto foco, e trà l’ombre, e gli orrori de notturni splendori il mio bel furto s’asconderà. Dica chi vuole, dica chi sa.
Cuando yo era un joven teólogo, antes e incluso durante las sesiones del Concilio, como sucedió y como le sucede todavía hoy a muchos, alimentaba algunas reservas sobre algunas fórmulas antiguas, como por ejemplo, la famosa "De Maria nunquam satis", de María nunca sabremos lo suficiente. Me parecía exagerada.
También tenia dificultad para comprender el verdadero sentido de otra expresión famosa (tan repetida en la Iglesia desde los primeros siglos, cuando después de un memorable debate -el Concilio de Efeso del 431- se había proclamado a María Madre de Dios) que ve a María "victoriosa frente a todas las herejías".
Hoy, en este periodo de confusión en que todo tipo de desviaciones heréticas vienen a golpear a la puerta de la fe auténtica, recién apenas hoy he comprendido que no se trataba de una exageración de devotos, sino de verdades más que nunca válidas.
Estas palabras son del cardenal Joseph Ratzinger, entrevistado por Vittorio Messori cuando era Prefecto del Santo Oficio (Rapporto sulla fede, Edizioni San Paolo, 1985).
En este mes de agosto, hay un día 15 en el que los católicos celebramos la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma a los cielos, como decíamos en mis años chicos.
La imagen que ilustra esta entrada (una estampa que conmemora la Coronación de Maria Santissima del Monte Viggiano, en 1890), fue traída por mis antepasados originarios de la región de la Basilicata, de la que es patrona -así como de la Lucania- esta antiquísima Madonna Nera del Sacro Monte Viggiano.
Ahora está en mi cueva, pero durante más de un siglo estuvo en la familia. La recibí de manos de mi madre que la heredó de su padre que la heredó a su vez del suyo, que fue quien la trajo de su tierra, San Severino Lucano.
Con Maria Cristina Kiehr, soprano, y Stephan Van Dyck, tenor, el
ensemble La Fenice, que dirige Jean Tubéry, grabaron este conjunto de
melodías del Seiscientos, inspiradas en obras de Francesco Petrarca.
Ser agradecido, no se puede no.
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Marco da Gagliano: Io vidi in terra Angelici costumi Salomone Rossi: Sonata sopra l’aria di Ruggiero Jacopo Peri: In qual parte del ciel Tarquinio Merula: Canzon La Treccia Sigismondo D’India: Benedetto sia’l giorno Stefano Landi: A qualunque animale: aria di cantar sestine Giovanni Battista Riccio: Canzone a due soprani in echo Martino Pesenti: Balletto per soprano e basso; Due rose fresche, e colte in Paradiso Giovanni M. Trabacci: Ancidetemi pur Camillo Lambardi: La bella donna s’e da me partite Nicolo Borboni: Solo e pensoso Sigismondo D’India: Voi ch’ascoltate in rime sparse Marco da Gagliano: Vergine bella, che di sol vestiva Oratio Bassani: Vergine bella di Cipriano di Rore diminuito per la viola Claudio Monteverdi: Hor che’l ciel e la terra
Cuando me enteré de que cerca de mil millones de celulares Nokia en este valle de lágrimas tenían como tono de llamada 3 compases de una obra de Francisco Tárrega, miré con cierta melancolía hacia un punto vago de un horizonte pálido de julio, de sol enfermo y nubes que querían llorar sobre el mundo.
Después, me fui a Tárrega. En desagravio.
Él, valenciano, nació en 1852 en una Villarreal que fundó Don Jaime I, allá por el XIII.
Su intérprete, David Russell, nació en 1953 en otra villa real, en una ciudad antigua del siglo VI, que fundó un santo, Mungo, quien bautizó el lugar como Bonita hondonada verde, poesía que en la lengua de aquellos lares escoceses sonaba Glas Cou.
Un alma que merece mi reconocimiento hizo la selección que aquí queda.
Conviene aprender algunos pases en la vida. Un día, sin darse usted cuenta, le van a servir.
Y la tauromaquia es una buena escuela, fíjese lo que le digo.
El toro, siempre, es mortal.
Y siempre hay algún toro.
Sobre el primero de los temas de esta selección, dicen que Manolo Sanlúcar dijo:
Vi un campo andaluz , un campo abierto y ancho , lejano y puro como mi niñez. Un riachuelo, unos encinares. A mi derecha una choza, un hombre arando allá a lo lejos. La presencia de un niño que no veo y aún más lejos....la torre de la iglesia del pueblo y en todo y con todos la luz velada del amanecer. Y allí, en algún lugar, sola, una vaca pariendo. Veo cómo lame al becerro, a "el toro", con ternura lo limpia y asea. Él aún no sabe para qué ha nacido, pero yo sí. Y así como lo vi hice que mi guitarra lo contara. Ella es el narrador.
Juan del Encina, el castellano. Juan Vásquez, el extremeño. Juan Blas de Castro, el aragonés. Juan Ponce, huidizo autor en el Cancionero de Palacio...
A ellos -que cantan desde el siglo XV hasta el XVII- está dedicada esta selección que dejo aquí y que va a finir y principia con dos anónimos, que no están aquí por error sino por gusto de un servidor.
Infórmese, per carità! (sí, hay fuentes mejores...)
Arax, por otra parte, es una agrupación de músicos que inspiraron Tigran Ter Stepanyan y Vardan Hovhanissian, que es quien aquí ejecuta el duduk, instrumento de viento de madera, emblemático de la música armenia tradicional. Aquí hacen un repertorio integrado por composiciones folklóricas, a su estilo, cuyo autor es Komitas, precisamente.
Claro que, si me pregunta, le diría que Komitas Vardapet no necesita presentación en Armenia.
Por ejemplo, ésta, que él compuso, es su versión de Patarag (Badarak), el nombre con el que llaman los armenios a la Divina Liturgia.
No se olvidan así como así los grandes amores antiguos. Si son amores, claro. Y de tanto en vez uno vuelve a ellos.
Y de vez en tanto, ellos a uno.
Por decir algo, el cello.
También está que empecé a oír a Antonio Vivaldi cuando estaba chico todavía. Lo aprecié. Pero no lo había gustado todavía. Y seguí oyéndolo.
Con los años, vi que conocer las más de 800 obras de este hombre era imposible. Siempre aparecía algo que ni sabía. Hasta que advertí que no conocía -ni llegaría a conocer bien- ni un décimo de su obra.
Vea, si no. Dos catálogos, como éste yéste, juiciosos y diría completos (no siempre, porque cada tanto aparece algo desconocido...), dan una idea de lo que digo.
Qué remedio: hay más Vivaldi que el que un servidor pueda oír.
Llegué hace poco a estas seis sonatas para violoncello y bajo continuo, un opus 14 de 1740. Aquí quedan.
Bruno Cocset, es el violoncello.
Lo acompañan Les Basses Réunies con instrumentos que tienen el sonido de la época:
Blandine Rannou, clave y órgano
Pascal Monteilhet, tiorba y guitarra barroca
Richard Myron, contrabajo y violone
Tiene que haber sido a mediados de 1979 cuando la oí de boca de una romana en su exilio pampa.
Desde entonces me acompaña, de tanto en tanto. Silbando muchas veces, tarareando partes, una estrofa que otra. No digo que sea más que lo que es. Pero, como fuere, se debe cantar en romano, porque sin sabor romanaccio, es como masticar corcho.
Por puro gusto, dejo aquí la variedad de estilos en los que se hizo a lo largo de más de 50 años.
Tres salvedades: el primer brano de esta selección, es el el propio autor al piano (murió en 2013). Ornella Vanoni fue la segunda en cantar esta canción en la obra original de la cual procede. Finalmente, en la segunda muestra de esta selección, se canta la letra completa, intercalada la parte masculina y la femenina.
Por último, pero no por eso menos significativo, dejo dicho que, aunque podría pensarse que la elección de la canción -principalmente por su título- tiene alguna relación con los tiempos que corren en Roma (y en todos los caminos que llevan a Roma y los que de ella salen...), de ningún modo es así.
Aunque pensándolo bien, ahora que lo estoy diciendo...
La canción -a veces interpretada con una breve invocación- canta el ruego de dos. Él, le pide a Roma que no se haga la tonta y le dé el paisaje ideal para estar con la mujer que pretende. Ella, claro, le pide a Roma que haga todo lo contrario.
Él es Rugantino. Ella, Rossetta, la mujer a la que Rugantino pretende seducir.
Argumento de comedia musical, por cierto. Fue en 1962 cuando apareció Roma nun fà la stupida stasera. Una de las canciones de Rugantino. El compositor de la música al piano fue Armando Trovajoli (se pronuncia Trovaioli) y la letra fue de Pietro Garinei y Sandro Giovannini. Los tres son los autores de la entera comedia, se entiende.
En 1964, la obra se puso en Buenos Aires, en el Teatro Coliseo, claro. Una reseña de entonces dice:
Transcurre en 1830. Narra la historia de Rugantino, un tramposo que intenta hacer pasar como su hermana a Eusebia, su ex amante. Después intenta el mismo truco con Mastro Titta, el verdugo de Roma, que vive en una forzada soledad con su hijo, que carga el sobrenombre de “Pequeño Verdugo”. Finalmente Rugantino le apuesta a sus amigos que va a conquistar a la bella Rossetta, esposa de Gnecco il Matriciano y modelo del escultor danés P. Thorwaldsen.
Aquí la letra:
Roma, ce semo, aiutame tu... Io nun te dico niente, Roma, ma stasera c’ho bisogno de te e quanno tu te ce metti ‘ ste cose le combini bene... Roma nun fà la stupida stasera, damme 'na mano a faje di de si. Sceji tutte le stelle più brillarelle che poi e un friccico de luna tutta pe' noi. Faje sentì ch'è quasi primavera, manna li mejo grilli pe' fa cri cri. Prestame er ponentino più malandrino che c'hai, Roma reggece er moccolo stasera. Roma nun fa la stupida stasera damme 'na mano a famme di de no. Spegni tutte le stelle più brillarelle che c'hai nasconneme la luna se no so’ guai. Famme scorda’ ch’è quasi primavera tiemme ‘na mano ‘n testa pe’ di’ de no. Smorza quer venticello stuzzicarello che c’hai Roma, nun fà la stupida stasera. Roma nun fà la stupida stasera, damme 'na mano a faje di de si. (damme 'na mano a famme di de no.) Sceji tutte le stelle più brillarelle che poi e un friccico de luna tutta pe' noi. (Famme scorda’ ch’è quasi primavera,) manna li mejo grilli pe' fa cri cri. Prestame er ponentino più malandrino che c'hai, Roma, nun fà la stupida stasera.
Hay que cruzar una serranía de piedra. La noche es oscura. La luna es clara. El camino es sinuoso. Hay una villa dispersa al pie y casi en la falda de la sierra. De allí es el aroma a las maderas que el frío quema en las casas.
No habrá que detenerse hasta no llegar a destino. Queda más de una hora.
Sin ella, el camino, solitario a esas horas, no sería desagrable.
Con ella, se va en buena compañía. Y el camino resplandece.
Tengo por William Byrd un cierto gran afecto. Su vida, espiritualmente tan difícil en la Inglaterra isabelina, fue contemporánea a la del otro William afamado de aquellos años. Y que, en buena parte de su obra, apenas se trasluzcan las tribulaciones, me lo hace admirable.
La notable hija de Cambridge, Emma Kirkby, aquí con las violas de los británicos del ensemble Fretwork, hace sus canciones de modo tal que, a cualquiera que cruce una serranía de piedra en plena noche fría, le alegra el corazón.
O tal vez haya que preferir los caminos, a Byrd, a ella, para que resulte buena compañía.
Hace tiempo ya que mido las distancias de las travesías en tiempos de músicas.
Es con mucho mejor para andar caminos o descampados felices, cruzar la noche entre bosques fragantes, matear las tardes por sierras o llanos infinitos, entrigados, enmaizados. En buena compañía.
Estudio mapas y cartas de viajar. Pero. No mido tanto kilómetros. Tramo melodías. Para saber cuánto oiré mientras ando y veo.
Porque así es como -aunque viaje solo- la buena compañía transcurre en buena compañía.
Mariana Flores, por ejemplo, soprano mendocina que ya es un nombre en todas partes. Especialista en barroco.
No hace mucho que la busco y la oigo. No hay demasiado de ella por allí, y debería. Es una muy buena voz, a mi pobre saber. Pero una mujer que canta no puede ser sólo una buena voz. Sería como si fuera sólo una cara bonita. Y diría que es más.
Dejo una muestra variada de su arte.
Y otra aquí, donde interviene en un concierto de Cappella Mediterranea, pulcrísimo ensemble que dirige el platense Leonardo García Alarcón. Amore siciliano se llama el programa -tradiciones sicilianas y obras de autores barrocos- que fue parte de una edición reciente del Festival de L'Ambronay, en 2014.
O, mientras el viaje sigue, esta versión de Dido & Eneas de Henry Purcell, que L'Arpeggiata de Christina Pluhar llevó al Festival Oude Muziek de Utrecht, en 2015.
Al sudeste de Irlanda y al noreste de Dublín, está County Meath. De allí era Eleanor Plunkett.
La conocieron -sin saberlo- aquellos que oyeron hace unos días Pour aimer l'air, una entrada de esta misma bitácora. Es el primer tema de aquella selección.
El autor del aire que allí suena es el que se dice es el mejor compositor irlandés: Turlough O'Carolan (1670-1738). Arpista ciego, para más datos, y de grande talento.
Voy a dejar aquí por un tiempo estas selecciones que elegí de su obra numerosa. Muchas músicas habrán de sonar conocidas al oído atento.
Mejor así.
Noticias suficientes sobre el compositor Turlough O'Carolan hay, por ejemplo, en esta página irlandesa que refiere a una otra británica. Qué quiere usted que yo le haga...
Y para los ávidos, o quienes quieran datos sobre el particular asunto de Eleanor, también dejo estas noticias.
Eleanor Plunkett
Irish, Slow Air or Planxty (3/4 time). G Major. Standard tuning (fiddle). One part.
One of the most popular compositions by blind Irish harper Turlough O'Carolan (1670-1738), it was originally a song with Gaelic words, written in praise of Eleanor Plunkett of Robertstown, County Meath (near O'Carolan's birthplace of Nobber). According to Tomás Ó Máille (in Poems of Carolan, 1916), she was related to one Christopher Plunkett who appears in the 1655 Civil Survey of that county, listed as an "Irish papist" and proprietor on the premise of "an old castle." Donal O'Sullivan (1958, vol. 2, p. 95), quoting Ó Máille, writes that the story goes that some thirty members of Eleanor's family shut themselves up in their castle of Castlecome and were dispatched by boiling water. No one knows why, although O'Sullivan suggests that the tragedy was probably an exaggerated story from an unpublished deposition of 1641. At any rate, Eleanor was apparently the surviving member of the family.
O'Carolan was quick to respond to criticism and somewhat defensive and touchy regarding his art, perhaps because his livelihood depended on satisfied patrons. As he was composing this song Eleanor's coachman interrupted him remaking that he had heard many of the same words O'Carolan was using in other songs. The outraged bard picked up his staff and threatened the servant with it, saying "Neither you nor any other person will ever hear more of it but what is already composed!" The Irish collector Edward Bunting (1773-1843) obtained, but never published, this melody (with the title "Nelly an Chúil Chraobhaigh") which is in his manuscript collection, c. 1800, now held at the Library of Queen's College, Belfast.
Tal vez, si me llego hasta la Piazza di Montevecchio en buena compañía y golpeo esta puerta, alguien me diga si puede ayudarme a encontrar lo que busco.
Tal vez, allí -en el Teatro L'Arciliuto, el de la música y la poesía romanas- averigüe algo más.
El caso es que me regalan una selección de canzoni romane. Muy simpática. Algo desmañada. Mejor. Suenan así más romanas las canciones tradicionales. Creo que puede venir de allí, tal vez de un concierto de alguienes que no sé que hayan cantado allí.
Quien recopiló originalmente la selección, que ahora me regalan otras manos, no dio más datos. Mal hecho, debería.
Eso sí: ilustró cada canción con una plancha de Bartolomeo Pinelli, artista de principios del XIX, y cada una cuenta escenas romanas y populares. Bien hecho.
La última canción, Roma nun fà la stupida stasera, merece un trato aparte. Ya vendrá.
¿Se puede ser cosas tan distintas al mismo tiempo?
Con historia suficiente, tal vez.
Tienen más de 5.000 años. Desde entonces fueron asentándose en el noroeste de Europa los paleobálticos.
Entre ellos, los Latgaļi, que romanizados son hoy los letones de Letonia.
Latgalianos sería una traducción aceptable, el núcleo primario de origen indoeuropeo de estos pueblos.
Tienen una historia rica y tan trágica como variada. Y curiosidades de todo tipo: Riga, la capital, dicen que es patrimonio de la humanidad por ser la mayor acumulación en el mundo de muestras de Art Nouveau arquitectónico. A la vez, igualmente destacada como ciudad medieval.
Y está la música (y su lengua) que los mantuvo unidos y más o menos idénticos a si mísmos, durante siglos de ser ellos y pertenecer a otros.
Un panorama en 360° de lo que hacen queda ahora a disposición. En la última parte de esta compilación, hay muestras de festivales multitudinarios que origanizan los letones. Y ya verán cuán multitudinarios.
Entre esas músicas hay una (las dos últimas piezas) que hoy -y desde su última independencia, esta vez de la URSS, en agosto de 1991- funciona como una especie de himno nacional: Saule, Pērkons, Daugava (que en letón sería, aproximadamente El sol, el trueno, el río Daugava). ¿Otra curiosidad? Los catalanes han tomado la canción como un himno independentista (Ara és l'hora) y la adaptaron a su lengua usando para ello como inspiración de la letra un poema de Miquel Martí i Pol.
Ho fatto quello che mi hai chiesto e ho trovato quello che volevi.
Sono molto grato...
Y para que no se diga, dejo tres versiones de esta canción friulana emblemática, que en su dialecto se llama Stelutis alpinis.
Un coro de la región canta la versión original en friulano. Que haya buscado quienes la canten en plena montaña, es un presente desinteresado de un servidor. Pero -y como prometí, cumplo...- hay también una versión de Francesco De Gregori que hizo letra propia sobre la base de la original, que canta en italiano. De éste último, dejo dos versiones con acompañamientos distintos. Y entiendo que parecido, no es lo mismo, claro. Ud. disculpe...
El caso es que el maestro Arturo Zardini (1869-1923), friulano de Pontebba, la compuso en Florencia, adonde se encontraba durante la primera guerra después de salir de su tierra. Un día, leyendo noticias del frente, vio cómo se desgarraba aquella tierra suya y, conmovido, escribió la canción. La letra canta con la voz de un soldado alpino enterrado en los montes de su tierra, sobre cuya tumba crece una estrella alpina, a la que, dice, riega con su sangre derramada en batalla. Si su amada llega allí, que recoja una flor y la guarde en su pecho, para que ella le recuerde su amor.
Con los años, llegó a transformarse no sólo en un himno de los soldados alpinos del Friuli (y casi un himno de toda la región), sino de alpinos de otros lugares de Italia.
Es costumbre que se cante al finalizar las misas de los soldados.
(Oí decir que De Gregori dedicó su trabajo a un tío suyo miembro de la resistenza partigiana en el norte de Italia durante la segunda guerra. Pese a su filiación política, fue fusilado -junto con otros miembros de su brigada- por los comunistas del mariscal croata Josip Broz, Tito para la historia, mandamás yugoslavo y vecino de aquella región, y eso por no haber aceptado desfilar bajo la bandera extranjera que Tito les imponía, protestando así la soberanía italiana. Curioso el cruce de motivos y de guerras. Curioso que la Stella polisémica cubra la tumba de unos y otros. Y que unos y otros la tengan por compañía.)
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Stelutis alpinis (en friulano) Se tu vens cassù ta' cretis là che lôr mi àn soterât, al è un splaz plen di stelutis; dal miò sanc l’è stât bagnât. Par segnâl, une crosute je scolpide lì tal cret, fra chês stelis nas l'arbute, sot di lôr, jo duâr cujet. Cjôl sù, cjôl une stelute: jê 'a ricuarde il nestri ben. Tu j darâs 'ne bussadute e po' plàtile tal sen. Quant che a cjase tu sês sole e di cûr tu préis par me, il miò spirt atôr ti svole: jo e la stele sin cun te.
Hay quien dice que ests dos estrofas son del original, pero no es seguro:
(Ma 'ne dì quant che la vuere a' sara un lontan ricùard tal to cûr, dulà ch'al jere stele e amôr, dut sara muart. Restarà par me che stele che 'l miò sanc a là nudrit par che lusi simpri biele su l'Italie a l'infinit.)
Stelle alpine (en italiano) Se tu verrai quassù fra le rocce, dove fui sotterrato, troverai uno spiazzo di stelle alpine bagnate del mio sangue. Una piccola croce è scolpita nel masso; in mezzo alle stelle ora cresce l'erba; sotto l'erba io dormo tranquillo. Cogli, cogli una stella alpina: essa ti ricorderà il nostro amore. E baciala, e nascondila poi nel seno. E quando sarai sola in casa, e pregherai di cuore per me, il mio spirito ti aleggerà intorno: io e la stella saremo con te. (Ma quando la guerra sarà un lontano ricordo nel tuo cuore, dove c'erano la stella e l'amore, tutto sarà morto. Resterà per me quella stella a cui il mio sangue ha dato nutrimento perchè splenda sempre bella sull'Italia per sempre. )
Stelutis alpinis, en la versión de Francesco de Gregori
Se un mattino tu verrai fino in cima alle montagne troverai una stella alpina che è fiorita sul mio sangue. Per segnarla c'è una croce, chi l'ha messa non lo so. Ma è lassù che dormo in pace e per sempre dormirò. Tu raccogli quella stella che sa tutto del tuo amore, sarai l'unica a vederla e a nasconderla sul cuore. Quando a sera sarai sola non piangere perchè nel ricordo vedrai ancora tu e la stella insieme a me.
Michoacán de México es una linda tierra, le garanto. Y Jalisco lo es.
Tierras cristeras y, en algunos lugares, altos o recónditos, tierra conmovedoramente cristera, hoy todavía. Sé por qué se lo digo.
De allí, de Michoacán, es el niño cristero mártir José Luis Sánchez del Río, al que proclamarán santo el mismo día que a otro José, nuestro José Gabriel Brochero.
El niño -que anduvo y combatió junto a los Cristeros- murió torturado y asesinado en febrero de 1928 a los 14 años por los federales de Plutarco Elías Calles. Brochero murió casi un año después de que el niño naciera, en 1914. Visto así, y viendo que los une el 16 de octubre, día en que se proclama su gloria, se diría que de algún modo el niño tomó la posta del Cura Gaucho.
Serranos los dos, hasta los paisajes que vieron y recorrieron se parecen bastante. Allí gozaron la creación de Dios y allí se gastaron por Él. Una milicia tan ardua y doliente como feliz.
Y por eso más se parecen, creo: el dolor en este valle no les agrió la alegría de la Fe, ni les marchitó la frescura de la Esperanza, que coronaron con un Amor grande. Si hubiera sido de otro modo, no creo que ninguno de los dos llegara a santo. Mucho menos a mártir.
Muy bien.
¿Y a qué viene, entonces, el palique?
Hace un tiempo que vengo oyendo músicas de esto y aquello y, habrá sido por esto o aquello, ninguna me estuvo llamando la atención lo bastante. Así que la bitácora se llamó a silencio.
Pero pasó que se me cruzaron unas décimas que me convidó un joven amigo cuyano, con el anuncio de que iban a tener su melodía. Y al tiempo vino la melodía con la obra completa.
El asunto es una celebración del niño José Sánchez del Río y la melodía, como corresponde, es un aire de corrido cristero, también de cuyano autor. Como cuyanos son también los intérpretes.
Y vi que por todas partes valía traer aquí el resultado.
Más que nada -y salvados los méritos de letra, música e intérpretes- porque me alegra que salga este homenaje y esta celebración desde el sur de José Brochero y le llegue con reverencia y gracia al norte de José Sánchez del Río, y que le llegue mientras ambos, a la vez, saben ya las cosas del Cielo, y las ven cara a cara.
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Como otros, aquí y en todas partes, confundí la imagen de ese niño que ilustra esta entrada con la del santo mártir. Me dicen amigos de su tierra que ese niño es de una época apenas anterior, pero es otro niño y se ve que lleva divisa de los federales.
Pero haberlo confundido no me libra de pensar ahora en ese niño otro. Al contrario: más pienso en él. San José Sánchez, años más tarde, combatió él también. Toda una cuestión fue en su hora dirimir si esa misma circunstancia no lo alejaba de los altares. Acompañó las armas cristeras, como ese otro niño antes las federales. Cierto que Joselito no es mártir por eso. Pero es mártir con eso y en eso. Y esa figura guerrera del niño federal es en parte también la de Joselito.
Ahora que lo sé, le pido a Joselito por el alma de este otro niño, al que confundí con él. ¿Tendría fe? ¿Sería un bautizado como creo? ¿Miraría a su Virgencita de Guadalupe con cariño de hijo, con devoción de niño, pese a todo, pese a formar filas con los revolucionarios? No lo sé. No sé si alguien lo sabrá que me lo diga. Pero rezo por él, y más por haberlo confundido. Y son tantos los devotos del niño mártir a los que les ha pasado lo mismo, que tengo puestas mis esperanzas en que Joselito oiga esa plegaria fallida.
Porque, como dice san Agustin: (Deus) melius enim judicavit de malis bene facere, quam mala nulla esse permittere.
In this heart lies for you A lark born only for you Who sings only to you My love My love My love
I'm waiting for you For only to adore you My heart is for you My love My love My love
This is my grief for you For only the loss of you The hurting of you My love My love My love
There are rays on the weather Soon these tears will have cried All loneliness have died My love My love My love
I will have you with me In my arms only For you are only My love My love My love
Sinéad Marie Bernadette O'Connor -que nació un 8 de diciembre de 1966- tendría que haber escrito y cantado solamente esta canción: In this heart.
Y no haber hecho, dice un servidor, nada más que esta simple canción, atemporal.
Y habría hecho bien.
Pero la vida no es tan tersa, lamentablemente.
En esta versión, la original de 1994, canta con The Voice Squad.
Un joven sueco, Erik Linder, ya famoso en sus pagos, hizo esta versión en la que, como se ve, todas las voces las canta él mismo.
Creo que, pese al rasgo humoroso de la grabación, está a la altura de la sencillez pulcra de la única cosa que debería haber escrito y cantado Sinéad O'Connor, según su servidor, claro.
Pero, según el catálogo que hizo conocido Wolgang Schmieder, exactamente 200 años después de la muerte de J. S. Bach, en 1950 (el famoso Bach Werke Verzeichnis), se suman unas 1128 obras del genio alemán, aunque hay algunas que tienen más de una entrada, hay que decirlo.
Como fuere, es simpático el lío que tienen los investigadores con las partituras de este buen hombre. En su gran mayoría no las publicaba, tenía notación propia y titulaba más o menos como le venía en gana, sin atenerse mucho a las formalidades. Repetía temas, transcribía las obras de un instrumento a otro, las dejaba inconclusas. Algunas que se han perdido y aparecen en otro instrumento: si eran para oboe, se las conserva para violín, por ejemplo, y cosas así.
Además, créase o no, el haber caído en el olvido (sí, oyó bien: casi ni se le dio importancia a Bach por cien años hasta mediados del XIX, en que Mendelssohn lo rescató y lo exaltó...) desparramó los papeles y ahora hay que encargarle al Detection Club que ponga orden en semejante producción. Hay una edición de 1990 del BWV y sigue la cuenta...
Dejemos ahora que vuelva Giuliano Carmignola y ponga manos a las obras. La orquesta, el Ensemble Concerto Köln.
Son cinco conciertos para violín (BWV 1041, 1042, 1043, 1052 y 1056, los dos últimos proceden de obras perdidas para ese instrumento) y quedan aquí:
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La ilustración reproduce una firma simbólica que usaba Johann Sebastian Bach, musicalmente hablando.
Si se presta atención, se verá su nombre en notas, al modo anglosajón y alemán (es decir el modo alfabético).
Se empieza desde la clave de sol de la izquierda y se rota en el sentido de las agujas del reloj: si bemol (B), la (A), do (C) y si natural (H).
La literatura musical dice que, entre abril y diciembre de 1775, en Salzburgo, Wolfgang Mozart escribió cinco conciertos para violín.
Tenía 19 años y estaba contrariado y aburrido por tener que servir en la orquesta dizque mediocre en la que estaba contratado.
En el catálogo de Ludwig von Kögel, que rige desde 1862, aunque ya lleva 8 ediciones con varias correcciones, se dice que estos conciertos son:
K.207 Concierto para violín nº 1 en SI bemol Mayor (del 14 de abril)
K.211 Concierto para violín nº 2 en RE Mayor (del 14 de junio)
K.216 Concierto para violín nº 3 en SOL Mayor (del 12 de septiembre)
K.218 Concierto para violín nº 4 en RE Mayor (del mes de octubre) y
K.219 Concierto para violín nº 5 en LA Mayor -que es habitualmente llamado Turco- (del 20 de diciembre).
Me falta en esta presentación que aquí dejo el primer movimiento del 4to. concierto, malhaya. No lo encontré por ninguna parte.
En todos, el violín es de mi estimado Giuliano Carmignola y por eso no encontré el movimiento que completara el asunto. No cualquiera tenía que ser...
Ya aparecerá y, en cuanto sea, aquí vendrá.
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Listo: Despistado que es un servidor, nomás. Aquí está el 1er. movimiento, Allegro, del 4to. concierto...
Como se sabe, la joven soñada y amada en esta visión del muchacho que duerme y no quiere ser despertado, es Irlanda.
Ahora traigo aquí varias versiones, algunas instrumentales, otras con voz.
Lo que sigue es una balada. El asunto es el tradicional asunto melancólico de un joven enamorado que ve a su muchacha amada casarse con otro. La canción anduvo por años por todas partes y se encuentra en Irlanda o Escocia, en Inglaterra o Canadá, con distintas palabras, pero que ruedan a lo mismo.
Se dice que ésta de Sean Cannon es la primera grabación comercial de Song for Ireland, un clásico moderno, cuyos autores -Phil y June Colclough- son un matrimonio inglés dedicado a la música folklórica en su país (ella murió en el 2004) y que para componerla se inspiraron en un viaje a las costas del oeste de Irlanda.
Antes de formar parte de The Dubliners, Cannon grabó esta canción en un disco como solista.
Tan difícil de catalogar como difícil es transcribir su nombre: Flery Dantonaki (es decir, Φλέρυ Νταντωνάκη; aunque, en realidad, Ελευθερία Παπαδαντωνάκη, es decir: Eleuteria Papadantonaki). En cualquier caso, completamente griega.
Una de las voces preferidas de Manos Hatzidakis (es decir, Μάνος Χατζιδάκις), compositor prolífico (y notable) del siglo pasado griego que eligió su voz para tantas de sus obras, desde que se conocieron en 1970.
Un reencuentro feliz para un servidor.
Aquí una muestra de lo mucho que cantó esta joven que murió a los 61 años, en 1998, envuelta en heridas del cuerpo y la psiquis: locura y cáncer.
Mauro Corona debe cumplir unos 66 años, desde que vio la luz en su país tridentino, en la Alta Valsugana, en agosto de 1950.
Hombre de montaña, de madera y piedra y agua y fuego. Alpinista de tantas ascensiones, escritor de tantos libros, escultor de tantas figuras.
Aquí, su vida dicha por él mismo, como una especie de testamento, en el medio de sus cosas, de las cosas de su casa, de su estudio y refugio de montaña, en el bosque de Erto, en el Friuli-Venezia Giulia.
Por tantas y buenas razones, mucho de lo que aquí dejo es música.