miércoles, noviembre 27, 2019

¿Y... por qué no?*





Se me ocurren unas cuantas respuestas -de aficionado- a esta pregunta, que es tan valiente como audaz, según el caso.

México las une, de algún modo. Tania Libertad es peruana de origen pero la tierra de Guadalupe Pineda la recibió como propia hace unos cuantos años.

Famosas las dos, muy. Cargadas de grabaciones y participaciones en grabaciones de otros. Premios, homenajes y todo eso. Mayormente, aplaudidas en músicas dizque populares.

Pero ambas, mire usted, resolvieron que grabarían arias de óperas famosas, cada cual por su lado y a su hora. Se ampararon en sus voces respectivas. Tania en 2000, Guadalupe en 2002.

Aquí quedan ellas, mientras un servidor se pregunta si es la voz, solamente la voz.

O si debe haber algo más. Usted dígame.







* Como se ve, así (sic) se llama el trabajo de Tania Libertad, pero valdría para Guadalupe, también.

Y tal vez la respuesta sea simple: porque no.





domingo, noviembre 24, 2019

Dávalos



Hace una punta de años, menté un hallazgo de Jaime Dávalos, unos poemas dichos y cantados que encontré en plena calle. Lo acompañaba Eduardo Falú esa vez. Dejé allí unos versos de Dávalos, sin la voz y el canto.

Ahora vine a dar con casi lo mismo, pero de Dávalos solo. Y diciendo y cantando esta vez.








jueves, noviembre 21, 2019

*R: A derecha e izquierda


Lo había publicado en febrero de 2012, eran versiones de canciones uruguayas y chilenas.

Pero...

Este mundo es frágil. Y el mundo del silicio, peor.

Va de nuevo.

A derecha e izquierda.








martes, noviembre 19, 2019

Tercera vez de Despedidas




Tal vez esta vez tenga mejor suerte, si es verdad que la tercera...

Durante los últimos 6 años, isócrono (en 2013, 2016 y ahora), traté de mostrar una película japonesa que a mi sabor es una verdadera obra maestra.

Probé alguna vez con el compositor para varias películas del Estudio Ghibli -Mamoru Fujisawa, el para algunos famoso Joe Hisaishi-, que hizo para cello la música de ésta. Me fue algo mejor, pero no tanto.

Al fin, veo si queda esta vez Okuribito. La titulan Violines en el cielo y no me gusta para nada ese título que confunde aserrín con pan rallado.

Pero es una versión original subtitulada y había que traerla a como dé lugar. Espero que esta vez dure.

Con la música y las imágenes, que creo que son una sola cosa.









domingo, noviembre 17, 2019

Fiorella




No estamos de acuerdo en todo, claro que no. ¿Y qué con eso? No estoy discutiendo con ella, sólo le pido que cante.

Dos años atrás, publiqué un resumen de la voz de Fiorella Mannoia.

Ahora estuve ampliando aquello que completo aquí.

Se lo merecía.

Es cuestión de hacerle justicia a esta romana de voz grave y exquisita, hija de sicilianos, que sabe cantar en italiano.








viernes, noviembre 15, 2019

Luis y Pedro




Hace días les estoy dando vueltas.

Pero ellos no tienen la culpa: fue casualidad. O no.

Preparaba unos escritos y uno de ellos estaba vagamente relacionado con un concierto de Tchaikovsky. ¿Por qué se me ocurrió ir a oír también otro de Beethoven? No tengo idea. Pero ahí mismo empezó el asunto.

Dejé los papeles por un rato, claro.

Son dos conciertos ambos en Re mayor, ambos para violín y orquesta.

El n° 61 de L. van Beethoven, de 1806, y el N° 35 de P. I. Tchaikovsky, de 1878.

Algo más: ni el de Beethoven, ni el único concierto para violín de Tchaikovsky, tuvieron éxito en el estreno o por largo tiempo.

La partitura de Tchaikovsky fue rechazada una y otra vez por virtuosos de sus días, de Rusia y el resto de Europa. Intocable, imposible, horrible, burdo, antiviolinístico, torpe... Qué no le dijeron. Tardó casi tres años en poder estrenarlo.

Y al final tenía razón Tchaikovsky.

A Beethoven no le fue mejor. Su obra casi ni se tocó después de su estreno en 1806. Él murió en 1827 y, recién unos 17 años después, el concierto volvió a la luz y ya no se apagó.

Y allí otra cosa más.

Cuando en 1844 renació el concierto de Beethoven, el solista fue uno que llegaría a ser uno de los violinistas supremos del siglo XIX: Joseph Joachim. La orquesta la dirigió Félix Mendelssohn.

Pero... Joachim, el solista, tenía por entonces solamente 12 años de edad, un prodigio.

Ahora bien, bastante después, en 1882, el mismo Joachim tuvo por alumno de violín a un joven virtuoso, que moriría temprano: Josif Kotek.

Unos años antes, en 1878, en Suiza, Kotek fue quien impulsó a Tchaikovsky, de quien era amigo pese a la diferencia de edad, a componer su concierto de violín y lo aconsejó sobre las partes solistas, porque el compositor no era violinista.

Así son las cosas.

Pero yo sigo dándoles vueltas. Porque se me hace -mire quién se lo dice...- que hay más de un asunto que une a ambos conciertos.

Aquí quedan, ambos par a par con el mismo violín de David Oistrakh.








(En la ilustración, de izq. a der.: Joseph Joachim, Beethoven y Josif Kotek con Tchaikovsky)







jueves, noviembre 14, 2019

Creator




En 2012, se grabó un trabajo que recopila obras de Arvo Pärt, compuestas en distintos períodos.

Estuvo al cuidado de Paul Hillier.

Y lo bien que hizo.








martes, noviembre 12, 2019

¿Por una vez no?




Albania es un rincón bastante desconocido de Europa y del mundo, si acaso.

No es que no tenga historia detrás. Después de todo, es una porción considerable de los Balcanes. Y los Balcanes son Grecia también, por ejemplo. Y Macedonia. Y así. Historia tiene.

Pero no conocemos mucho, al menos un servidor.

Yendo por otras vías, me topé con un personaje que probablemente no le diga nada: Gjergj Kastrioti.

Tiene sobrenombre: Skanderbeg.

Se lo pusieron sus enemigos, los poderosos otomanos, en el siglo XV en el que él vivió, casi siempre haciéndoles la guerra a muerte a lo largo de sus 60 años de vida. Iksander bey, esto es príncipe Alejandro.

Para los albaneses es el héroe nacional y su vida y batallas están a la altura de otros príncipes cristianos que a lo ancho de Europa batallaron contra el Islam, casi desde su misma aparición.

Vale la pena conocerlo. Hay historias sorprendentes sobre su habilidad para la guerra. Y hay una película albanesa sobre su vida que se ve por allí, y que no recomiendo del todo por lineal, salvo que alguno quiera ver aquellas caras y oír su lengua...

Lo curioso es que vengo a enterarme de que nada menos que Antonio Vivaldi compuso una ópera en tres actos sobre Skanderbeg (o Scanderbeg...), allá por 1718. Es el RV 732¿Cuál fue la razón de que compusiera esto? No lo sé.

No se conservaron sino algunas partes. Y alguna que otra de ellas dejo aquí. Son relativamente recientes porque las partituras se han recuperado no hace mucho. En la primera parte de esta selección hay un trabajo hecho por el proyecto Aurata Fonte, que algo explica.

Sabido es que no soy perito, pero a mi sabor es difícil saber si la obra está a la altura del genio de Venecia, lo cual también suena injusto, porque son sólo fragmentos y se sabe también que a veces Homero dormita...

Pero, en cualquier caso: por una vez que no, cuántas que sí...








sábado, noviembre 09, 2019

Por colombianas




Así son las cosas.

Las colombianas no tienen nada de colombianas.

No al menos en este caso.

Con el tiempo, se volvieron un "palo" del cante flamenco, como saben los que saben. Y de esos que llaman "de ida y vuelta", por referencia a la tierra americana y a algunos ritmos que se intercambiaron.

Pero, como también saben los sabidores, fue cosa de don Pepe Marchena, maestro de maestro', que allá por 1931, sobre un ritmo casi de rumba, hizo su Mi colombiana. Y así le quedó el nombre a estas composiciones que se fueron afirmando en el mundo exigente y algo críptico del flamenco.

Las dos primeras de la selección que aquí queda son las composiciones originales, una la original por Pepe Marchena y otra en una versión posterior de la misma, por Juanito Valderrama.









viernes, noviembre 08, 2019

Linda Lima




Bonita voz, lindo decir, tan peruano.

¿Que no sostiene los tonos? Claro, entiendo.

Pero yo estoy oyendo a una mujer peruana cantar sus cosas, a su modo, con gracia y sentimiento.

Ya sé que no es una cajita de música.

¿Y quién quiere una cajita de música?

Me alegra haberme encontrado otra vez ayer con ella.









martes, julio 02, 2019

Estos días de Díaz




Hubo otros Días de Díaz, pero ahora están inhallables en esta bitácora.

Volví a oírlo. Bien el folklore y el jazz. Virtuoso y personalísimo. Pero me quedé con el tango.

Hugo Díaz es más que un intérprete. O la interpretación es un arte que pocos frecuentan, y que él puede oficiar con elegancia.








sábado, junio 22, 2019

Mélanie




Mélanie Bonis fue una parisina compositora de cientos de obras, más bien breves. Vivió entre 1858 y 1937. Tuvo una vida curiosa. Durante unos cuantos años dejó de componer, para atender su casa y a sus tres hijos, fruto de un matrimonio arreglado por sus padres con un hombre que le llevaba 25 años.

Se encontró al tiempo con un viejo amor de juventud, volvió a la composición, tuvo un asunto con él y de allí nació una hija.

La acompañaron buenos maestros en el Conservatorio de París. Se la conoce poco y casi siempre con el nombre de Mel, una estratagema de la propia Bonis para sortear la resistencia a que hubiera mujeres compositoras.

Mujer de la belle époque, sus partituras suenan a esas músicas que llaman decadentes. Será, no lo discuto. Pero admitamos que esa decadencia musical era bastante más armoniosa que las que vinieron después.